ENTREVISTA


Mejor, imposible


Por Leo González.


Mejor, imposible 
Juan Minujín es apasionado, comprometido y un enamorado de lo que hace. Paso a paso fue armando una rica y prolífica carrera en el mundo del espectáculo.  Hoy acapara aplausos en Viudas e Hijos del Rock & Roll y en teatro acaba de estrenar Venus en piel con Carla Peterson.

Sí, es el sobrino de Marta Minujín. Pero no usó ese vínculo familiar para abrirse camino en el medio. Siempre quiso ser actor y desde los 18 años no trabajó de otra cosa. Fue estatua viviente (todo pintado de blanco y congelado de frío) en las calles de Londres, tocó el violín en el subte, hizo teatro independiente, televisión y cine. Sus padres eran militantes y de chico vivió en México, de 1976 a 1983. Le gusta escribir, dirigió su propia película, Vaquero, pero lo que más ama es la actuación. 

Está casado y tiene dos hijitas, Amanda y Carmela, a las que trata de integrar en lo que hace. En los dos últimos años, su carrera explotó gracias a sus personajes en Solamente vos (Félix Month) y Viudas e Hijos del Rock & Roll (Segundo Arostegui), que le dieron la exposición y la fama necesarias. Este año regresó al cine con Pistas para volver a casa, junto a Érica Rivas, y en la misma semana que estrenaba esa película también aparecía compartiendo escenas con Will Smith en Focus: Maestros de la estafa. Juan Minujín es uno de esos actores que cuando habla de su profesión lo hace de una manera que es imposible no apasionarse con él.  

–Hace poco estrenaste Pistas para volver a casa. ¿Hiciste malabares con tu tiempo teniendo en cuenta que hacías televisión y teatro?
–Me gustó mucho el guión y tenía muchas ganas de trabajar con Jazmín Stuart (la directora) y Érica Rivas. No había trabajado con ninguna de las dos. Terminé justo la tira de Pol-ka, Solamente vos, estaba empezando a ensayar la obra en el San Martín, El principio de Arquímedes, y pudimos cuadrar todo. Érica podía trabajar en las mismas semanas que yo, se comprimió un poquito la película como para que pudiéramos hacerla y la metimos justo en el verano.

–Los detalles de tu personaje son claves. Reflejan cómo se siente él.
–En lo audiovisual, la imagen es muy importante; entonces, al vestuario y los accesorios les dedico mucho tiempo. En esta ocasión estaba Roberta Pesci, que es una gran vestuarista. Jazmín también tenía mucha idea de lo que quería mostrar. Probamos y buscamos muchas cosas con Pascual, mi personaje. Las preguntas de vestuario, llevadas a fondo, te dan muchísimo sobre tu personaje.

–Tu fama explotó en este último tiempo porque también se te pudo ver en Focus, la película que Will Smith filmó en la Argentina. 
–Fue una experiencia muy linda. El trabajo con esos dos directores, Glenn Ficarra y John Requa, fue espectacular. Con Will Smith también. Es lindo, tienen otros tiempos; al menos en esta producción demostraron eso. Hago de barman y comparto un par de escenas con él. Es muy amable y lo pasé muy bien.

–¿Qué te llevó a ser actor?
–Creo que el trabajo de Pompeyo Audivert en Postales argentinas. Si me preguntan qué recuerdo de la obra, lo recuerdo a él. Venía viendo mucho teatro pero esa fue como la primera obra para adultos que vi y que me golpeó. Me impactó de una manera tremenda. En esa misma época, me fanaticé con Los Melli, el dúo alternativo que tenía Carlos Belloso con Damián Dreizik. Pero creo que el trabajo de Audivert me subyugó. Me llegó de alguna manera en la que dije: “Ah, esto me vuelve loco”.

–Y empezaste tu carrera en el cine...
–Sí, pero eso fue una participación mínima. Estudiaba en lo de Cristina Banegas, ella trabajaba en una película llamada Fuego gris (1993) y el director necesitaba extras bien calificados. Era un film medio surrealista sobre un disco del Flaco Spinetta. Una cosa rarísima dirigida por Pablo César. Fuimos un grupo de la clase e hicimos eso. Y después hice otra película con los mismos compañeros; la dirigía Jorge Coscia y se llamaba Comix. Cuentos de amor, de video y de muerte (1995). Eran todas experiencias. Pero lo primero serio que hice en cine fue la película de Daniel Burman El abrazo partido (2003), donde interpretaba a un mozo. La siguiente fue Un año sin amor (2004), en la que ya tenía un protagónico.

–Pero tu gran amor es el teatro...
–Trabajé mucho en teatro y televisión. Cuando uno le encuentra la vuelta a cambiar de plataformas, en realidad el resto de las herramientas de actuación son las mismas. Se trata de cómo uno aborda expresivamente los personajes, la acción dramática. Después queda solo entender cómo funcionan las otras plataformas: la televisión, el cine, el teatro, la publicidad.

–Contame de tu estadía en Londres.
–Tenía ganas de estudiar afuera. Había ahorrado algo de plata, y otro poco me ayudó mi padre. Hablaba inglés y mandé aplicaciones a escuelas de Inglaterra y Estados Unidos. Había otros lugares que me gustaban pero no hablaba el idioma y quería tener cierta soltura porque, si no, iba a ser my difícil. Finalmente me interesaron más las escuelas que quedaban en Londres, y también tenían más que ver con lo que estaba haciendo en ese momento que se vinculaba al teatro. Cuando estuve allá, trabajé de estatua viviente en la calle y con eso más o menos iba sobreviviendo.

–¿Y a la vuelta te dedicaste a tocar el violín en el subte?
–Fue apenas volví de Londres, donde me quedé un tiempo. Llegué acá, no tenía trabajo y no sabía muy bien cómo encaminar mi vida. Tocaba el violín, que había estudiado a los 18 años, y con un amigo que tenía un acordeón armamos un acto. Eran dos personajes extranjeros que prometían un striptease en el subte. Era un show de clown que duraba cuarenta y cinco segundos y por un tiempo funcionó, hasta que nos sacaron.

–En un momento te interesaste por dirigir y realizaste Vaquero (2011), que escribiste con tu hermano. ¿Por qué hiciste solo esa película?
–Lo que pasó después del film es que empecé a trabajar mucho como actor en proyectos que requerían demasiado tiempo. En el medio trataba de escribir, pero cada vez tenía menos tiempo. Y no quería dirigir obras de otra gente porque mi oficio es la actuación. Con la actuación tengo herramientas como para resolver muchas situaciones. La dirección es más una aventura personal, que me gusta mucho y me da mucho placer, pero no es lo mío. De todos modos, estoy desarrollando ideas lentamente y en algún momento seguramente voy a encontrar el tiempo para contar la historia que quiera.

–¿Qué deben tener los papeles para que te seduzcan?
–A mí me gusta cuando me proponen algo que es un desafío expresivo; no tengo ningún problema en hacerlo. Estoy mucho más centrado en el amor y en el espíritu que le puede poner el autor al trabajo que al tamaño de la producción.

–¿Sentís que ya no tenés que buscar las cosas y que ahora te las ofrecen?
–Lo que me sigue preocupando e inquietando tiene que ver con lo creativo y con lo artístico. Obviamente que me inquieta la plata y el trabajo, como a toda la gente, pero no me angustia. Siempre viví de la actuación y durante veinte años no fui famoso. Es verdad que ahora se amplía mucho más, hay más propuestas. 

–La gente te empieza a conocer más...
–Siento que me involucré en proyectos muy masivos y comerciales, de mucha calidad y que me gustaban mucho. No los hacía por plata o popularidad, sino porque me gustaban. Por ejemplo, la película que hice con Adrián Suar, Dos más dos, en 2012, para mí fue un peliculón y tuvo mucho éxito. Los proyectos van creciendo masivamente pero siempre sosteniendo calidad y un buen espíritu expresivo.

–Por ejemplo Segundo, tu personaje en Viudas e Hijos del Rock & Roll, te puso en boca de todos.
–Estoy muy contento con todo el proceso del programa, que ya terminamos de grabar. Fui muy feliz, fue un elenco soñado. Increíble el trabajo con los Arostegui, con Paola Barrientos, con Fernán Mirás, con Damián De Santo, con Juan Sorini. Me sorprendió la empatía que generaba mi personaje, tomando en cuenta la cantidad de conflictos que tenía: religiosos, sociales, económicos. Lo pudimos llevar adelante y salió todo muy bien.

–¿Cómo se lleva tu familia con tu fama? ¿Conviven bien?
–Por suerte, sigo haciendo exactamente las mismas cosas que hacía antes. Voy al supermercado, a la plaza con mis dos hijas, a patinar a Palermo, al cine, al shopping un domingo. Sé cómo hacerlo para que no nos afecte. Me parece aterradora la idea de estar en un mundo en el que no se puede tener una vida normal. Seguramente hay gente que no puede, pero ni por casualidad es mi caso, y además con mis hijas me interesa mucho que hagan la vida normal que hacen los chicos de su edad.

–¿Qué piensan de tu trabajo?
–Se llevan muy bien, les gusta mucho. Miramos la novela juntos, cuando hago funciones muchas veces vienen al teatro y se quedan en el camarín. Si la obra es apta, lo hacen desde la cabina de luces. Las integro mucho a mi trabajo, como lo hacía mi papá conmigo. Él cada tanto me llevaba a la oficina y yo jugaba con lo que tenía ahí. Me lo tomo de esa manera. Vienen mucho al canal y durante las vacaciones lo hacen más seguido.

–Cuando eras chico te tuviste que exiliar con tu familia.
–Ellos militaban en el peronismo, fueron amenazados y nos tuvimos que ir; vivimos en México. En comparación con la gente que se tuvo que quedar, nosotros estábamos en una situación mucho más tranquila. Relajada, pero forzada. No la elegimos.

–¿Creés que de esa experiencia viene tu compromiso social?
–Nunca se sabe, no sé si tiene que ver con lo que pasó. Para mí el tema social, ni siquiera digo el político, es muy importante. Tengo una sensibilidad social, pero después eso puede tomar muchas formas diferentes. Hay ciertos valores que sí me inculcaron mis padres. Es parte de mi vida y de mi historia. También tengo muchos amigos a los que no les pasó nada y tienen las mismas inquietudes.

–Contame tus próximos proyectos.
–Tengo en la mira un par de largometrajes, aún en la etapa de proyecto. Todavía no están cerrados, así que prefiero, por cábala, no decir nada.

Mini Bio

Actuó en el unitario Tiempos compulsivos, en Los Únicos, en Son amores y en Tratame bien. Se lució en la película Ni un hombre más, junto con Valeria Bertucelli, y en Eva & Lola, entre otras, pero fue gracias a su papel en Solamente vos que se llevó el premio Tato. Para Juan hubo dos hitos en su carrera: El Descueve y la experiencia de hacer y dirigir una película como Vaquero.

La obra Venus en piel 

“La protagonizo junto a Carla Perterson, la dirige Javier Daulte y la producen  Nacho Laviaguerre, Adrián Suar y Pablo Kompel. Estrenamos hace cuatro días en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza. Es una obra de 1870, de Leopold von Sacher-Masoch, el hombre que inventó la palabra ‘masoquismo’; a partir de él se la conoce. La trama es sobre un director que está buscando una actriz para hacer de Venus. Encuentra auna que al principio parece que fuera un desastre y después termina siendo muy buena. Además, a ellos dos les empieza a pasar lo que les pasa a los personajes de la obra de teatro. Entonces, comienzan a entrar y salir de la obra y empiezan a entrar poco a poco en una relación muy intensa de amor masoquista”.

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