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Las 24 horas de un astronauta


Por Oscar Armayor.


Las 24 horas de un astronauta 

¿Cómo es la vida de los que habitan la Estación Espacial Internacional? ¿Qué hacen, qué comen y cómo transcurre su día?

Aquí, en algún lugar sobre el planeta: ¿no se ve mágico?”, escribe en su Twitter Samantha mientras contempla azorada a través de la ventanilla, a 350 kilómetros de distancia de la Tierra. “Hay cosas que solo la oscuridad puede enmarcar. Apaga la luz y enciende la imaginación”, continúa. La astronauta Samantha Cristoforetti es italiana, y se encuentra a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI). Como los otros cinco miembros de la expedición número 43 –tres rusos y dos norteamericanos–, encuentra en la contemplación del espacio exterior una manera de superar el estrés que produce vivir dentro de los estrechos laberintos de la estación espacial. Son momentos de una paz desconocida para los que habitan allá abajo, “on the ground” (“en el suelo”). Aquí, sin arriba ni abajo, en el profundo silencio del cosmos, sobre el círculo azul del mundo, es como un momento de eternidad.

¿Cuántas veces se ha puesto el Sol hoy y ha vuelto a salir sobre la Tierra? ¿Cuántos amaneceres y cuántos crepúsculos? En total, entre quince y dieciséis amaneceres con sus atardeceres, en cada día terrestre. Es que la estación espacial viaja a 27.700 kilómetros por hora y completa una vuelta al planeta cada 92 minutos. Sin embargo, y con el fin de conservar el equilibrio biológico y psicológico naturales, los astronautas que habitan el complejo orbital se rigen por el día de 24 horas terrestre, como si estuvieran en casa, caminando al trabajo o disfrutando de una deliciosa cena, o exigiendo sus cuerpos al máximo en un gimnasio, o haciendo el amor…Aún en un futuro viaje a Marte, que durará años, los astronautas desearán mantener un hábito de vida lo más parecido al que conocieron en la Tierra: dormir al menos ocho horas, higienizarse, alimentarse disfrutando de los sabores y colores de los alimentos naturales, trabajar, jugar, divertirse. Hoy casi todo esto es posible en la Estación Espacial Internacional, aunque con la limitación impuesta por el espacio reducido y por un condicionante clave: la ingravidez o microgravedad. 

Un día tipo 

Como cualquiera de los que habitamos en el planeta Tierra, el primer acto matinal de un astronauta en la EEI es una visita al baño. Aquí comienza el primer desafío que demanda un proceso previo de adaptación. Sabido es que la falta de gravedad hace que los objetos sólidos, los líquidos, así como el cuerpo mismo de los astronautas, floten sin control. Por ejemplo, es imposible tomar una ducha como en casa, de modo que la higiene corporal se hace mediante toallas que son humedecidas con agua caliente que llega desde un depósito a través de un tubo. El champú y la crema de afeitar son sustancias jabonosas debidamente adecuadas que no requieren enjuague y se quitan con una toalla seca. El cabello y las uñas crecen y se hace necesario cortarlos al cabo de una larga estadía. Para tal fin se necesitan siempre dispositivos de aspiración que impiden que pelos y uñas se dispersen por el interior del habitáculo. El toilette es como el de un avión, con la diferencia de que el inodoro funciona como una verdadera aspiradora, con ventiladores que aspiran los olores y los residuos.

Desayuno sobre Singapur 

Si tomamos en cuenta que la EEI se desplaza a casi 30.000 kilómetros por hora, cuando el desayuno de a bordo finaliza, el complejo orbital ya habrá recorrido gran parte de –por ejemplo– el sudeste asiático. A lo largo del día, los astronautas hacen tres comidas: el desayuno, el almuerzo y la cena. Algunos alimentos, como brownies y frutas, los pueden comer en sus formas naturales. Otros, en cambio, necesitan ser hidratados y calentados, como las pastas, el pollo, la carne, los productos del mar; especialmente el salmón, por su alto contenido de vitamina D, que contribuye poderosamente a la salud de huesos y músculos. Las bebidas incluyen jugos de frutas, té, limonada, agua y café. ¡Sí, café, y a la italiana! Sucede que la astronauta Cristoforetti arribó en la nave Soyuz 15 a la EEI con una máquina de café expreso diseñada para funcionar en el espacio. También llegaron naranjas, manzanas, tomates y latas de caviar ruso. Todo apunta a enriquecer el menú, que presenta dieciséis variantes, una para cada día, a fin de no repetir los alimentos dos jornadas seguidas. El día 17 se vuelve al comienzo de la lista de delicatessen. 

Trabajar para permanecer 

La estación espacial es un centro de investigación en órbita permanente, para obtener resultados que solo son posibles en un ambiente de microgravedad. Esos resultados, obtenidos a partir de experimentos con células animales, plantas, microbios y bacterias, se aprovechan en beneficio de la vida de los seres humanos en la Tierra, tanto en lo que se refiere a la salud como a la alimentación y a la sustentabilidad del medio ambiente. La doctora Julie Robinson, jefe de los programas científicos de la EEI, explica: “El objetivo para la utilización de la estación espacial es lograr descubrimientos que, hechos a muy baja gravedad, no son posibles en otro lugar. Los trabajos de investigación se centran en los beneficios prácticos de la adquisición de conocimientos que puedan ayudar directamente a desarrollar tratamientos biomédicos, nuevos materiales y mejores observaciones de nuestro planeta y su clima”, indica Robinson. Miembros de la tripulación tienen bajo observación constante los sistemas de supervivencia que garantizan la purificación del oxígeno, el drenaje de desechos, la provisión de agua, así como la actualización de los equipos informáticos que controlan todas las funciones de la estación espacial. Muchas de las tareas demandan una caminata para realizar diferentes trabajos en el exterior de la EEI. Equipados con sus trajes especiales que les proveen de oxígeno y mantienen la presión vital de sus cuerpos, los astronautas permanecen largas horas trabajando en la colocación de antenas, equipos de comunicación y cableado, inspeccionando el estado general de los paneles solares o del brazo robótico, encargado de trasladar piezas de gran tamaño desde las naves de abastecimiento hasta la estación espacial propiamente dicha. “Lamentablemente, a veces hay una situación en la que algo se rompe”, comenta la astronauta Cristoforetti. “Entonces, los miembros de la tripulación, que trabajan en estrecha colaboración con el ‘suelo’, describimos la situación, tomamos fotos y los equipos de tierra aprecian las imágenes. Luego, todos llegamos a una solución y nosotros arreglamos el problema”.

Dormir y soñar 

Mientras emerge de su bolsa de dormir, el astronauta Bill McArthur saluda: “Buenos días, son las 6:00 de la mañana a bordo de la EEI. Por lo general, vamos a la cama a las 9:30 de la noche. Así que he tenido unas buenas ocho horas y media de sueño”. Después de unas siete horas de caminata espacial, ocho horas de sueño es una buena marca. Aunque hay algunas diferencias: aquí no hay camas, ni almohadas ni nada que se les parezca. La falta de gravedad permite que los tripulantes duerman flotando. Pero, como no pueden saber en qué lugar despertarán, es necesario adherirse a un lugar fijo, y ese lugar es un saco de dormir dentro de una pequeña cabina vertical. Allí hay una computadora y auriculares, por si los astronautas prefieren ver una película, escuchar música o leer un libro on-line antes de entregarse al sueño. Es que hay dos aspectos esenciales para la vida de los tripulantes de la plataforma orbital: la diversión –mirar por la ventana es una de ellas– y el ejercicio físico. La EEI tiene numerosas ventanas para observar el cosmos. El panorama que se abre frente a ellos es asombroso. Observar a la Tierra girando allá abajo estimula la imaginación y embriaga el espíritu. Vale sacrificar horas de sueño por gozar de ese privilegio.

¡Corre, corre, esfuérzate! 

Hay una rutina de la que un astronauta no puede prescindir, y es del ejercicio físico para evitar la pérdida de masa ósea y muscular. Este es un problema que desvela a los científicos frente a los futuros viajes espaciales, como en el caso del viaje para explorar el planeta Marte. Expuestos a un período prolongado en el espacio, los astronautas comienzan a sufrir los efectos negativos de la falta de gravedad y de presión atmosférica, caracterizados por la pérdida del equilibrio, disminución de la condición física vascular y de la función inmune, y la atrofia tanto del sistema muscular como de la densidad de los huesos. Es indispensable hacer ejercicio, por lo menos dos horas diarias, utilizando una bicicleta fija, una cinta y otras máquinas diseñadas especialmente para fortalecer músculos y huesos de todo el cuerpo mediante ejercicios de fuerza y resistencia. Cada astronauta es en sí mismo un ente de laboratorio, chequeado casi constantemente por las computadoras de la estación espacial y desde los centros de control espacial en tierra. Su estado de ánimo, sus reacciones ante lo imprevisto y ante las presiones, los indicadores de sus funciones vitales, sus alegrías, sus angustias, sus temores son indicadores que señalan y previenen hacia dónde podremos ir, y hasta dónde, en la carrera por la exploración del espacio. Y hasta qué punto seguiremos siendo los seres humanos que conocimos alguna vez.

Modelo para armar

La Estación Espacial Internacional (EEI) es un conjunto de módulos ensamblados e interconectados, que se mantiene en órbita permanente alrededor de la Tierra. Está tripulada por diferentes equipos de astronautas e investigadores de las cinco agencias espaciales participantes: la NASA, la Agencia Espacial Federal Rusa, la Agencia Japonesa de Exploración Espacial, la Agencia Espacial Canadiense y la Agencia Espacial Europea. El proyecto de la EEI se inauguró el 20 de noviembre de 1998 con la puesta en órbita terrestre del módulo ruso Zaryá, al que más tarde, y hasta el año 2013, se fueron incorporando un brazo robótico gigantesco, los enormes paneles solares y una serie de módulos de laboratorio, de control y de almacenaje, construidos por estadounidenses, japoneses y europeos. En 2015, la estación tiene 109 metros de largo por 74 metros de ancho, y un espacio habitable de 1300 metros cúbicos con capacidad para albergar a seis astronautas, cuya permanencia varía entre tres, seis y hasta doce meses.

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