ENTREVISTA


Talento & mucho humor


Por Leo González.


Talento & mucho humor
Martín Campilongo ,“Campi”, es uno de los artistas más completos. Brilla en el teatro con su obra Campi. El unipersonal, en televisión nos regala todo su talento en Peligro: Sin Codificar y después de varios años retorna a ShowMatch. Campi habla despacio, con un tono cálido que logra perpetuarse durante toda la entrevista. Es curioso por naturaleza y presta atención a cada comentario mostrando interés por lo que se dice. Su carrera profesional comenzó hace dos décadas en un programa de Nico Repetto, donde ocupaba un lugar en la tribuna. Pero sus manifestaciones artísticas fueron muy anteriores, cuando era solo un niño. Atorrante, hizo de todo por sobrevivir hasta que descubrió que la actuación era lo suyo.

En cine incursionó en algunas películas, pero es en el teatro y la televisión (tiene un Estrella de Mar y un par de nominaciones al Martín Fierro, respectivamente) donde más feliz se siente. Se hizo famoso con VideoMatch, creció con Los Roldán y nos hizo llorar con Tu cara me suena, entre muchísimas otras cosas. Está casado desde el año 2006 con la modelo y conductora Denise Dumas, con quien tuvo dos hijas: Emma y Francesca. Pasión, garra, actitud son solo algunas de las cualidades que definen a este pibe de barrio que encontró la manera de no crecer más.

–Alguna vez dijiste que no permitirías a tus hijos estar con chicos como el que eras en tu juventud. ¿Eras bravo?
–Un verdadero petardo, y también mal alumno. Eso sí, siempre fui buen amigo, pero mala compañía. Era el que arrastraba a los demás a hacer travesuras. Por ejemplo, me venían a buscar cuando no querían tener clases y yo volaba los tapones del colegio. Más que eso no.

–Eras tremendo, bravo.
–Justamente eso. Victoria de la Rúa, la mujer de Esteban Morgado, es amiga mía desde los 5 años. Tenemos más de cuarenta años de amistad. Vicky me confesó que la madre no me invitaba a los cumpleaños porque era travieso. Soy de la generación que cuando te citaban a rectoría se te fruncía todo. Ahora no, van con los padres, y los alumnos le pegan al director.

–¿Es cierto que querías ser camionero de larga distancia?
–Saqué el registro de carga para poder conducir un camión grande. Me gusta estar solo, pensando. Cuando manejo, sobre todo en larga distancia, voy por la ruta pensando, y es ahí donde surgen las grandes ideas. Acá en la ciudad me pongo muy loco, pero en ruta es un placer. Podría ser feliz trabajando de camionero.

–¿A los 16 años pintabas vasos?
–Sí, para sobrevivir. En los clasificados salió un aviso donde decía que necesitaban a alguien en Villa Crespo que supiera pintar. Me presenté y estuve un año laburando de eso. Pintaba a mano vasos de Garfield, de gallinitas, de honguitos. La mujer me pagaba algo así como $2 por vaso. ¿Cuántos podías hacer por día? Era un trabajo con muchos detalles y no ganaba nada. En un momento saqué cuentas y entre el viaje en colectivo, ida y vuelta, me quedaba muy poco. Lo largué y me puse a pintar mis propios vasos y venderlos. Había un solo detalle: ella tenía un horno que secaba la pintura y no se despegaba. A mí no me pasaba eso. Los vendía y no volvía a aparecer nunca más.

–¿Es verdad que saliste segundo en una bienal de diseñadores de ropa?
–Eso fue cuando tenía 18 años, en la primera Bienal de Arte Joven que se hizo en Buenos Aires. Mis padres fabricaban ropa –después se fundieron– y por eso estudié Moldería en el CETIC (Centro de Estudios Técnicos para la Industria de la Confección). No me pedían el título secundario, así que estudié y me recibí. Diseñaba ropa; me interesó en ese momento, pero después dejé de hacerlo.

–Aprendiste de todo, a dibujar, pintar, diseñar, hacer caricaturas…
–Sí, trabajaba de eso. Me ganaba el mango como fuera. Aprendí de chico; me enseñó mi tío. Era único hijo, no me gustaba el fútbol, y entonces tenía otro tipo de juegos. Me gustaba inventar cosas, dibujar, y al mismo tiempo debía ser interesante lo que hacía para que vinieran a mi casa mis amigos a pesar de que no jugaba a la pelota. Me gustaba armar cosas y fijate cómo terminó: armo las pelucas, los maquillajes... Todo lo que aparece en la obra de teatro lo hago yo.

–¿Cómo llegaste a la actuación?
–Acompañé a un amigo, Walter, a dar una prueba en lo de Agustín Alezzo. Había muy buenas minas... tendría veintipico de años y todo eso estaba buenísimo. En ese momento estaba “buscándome”. Era amigo de Batato Barea y andaba mucho por el under haciendo exposiciones de esculturas en yeso. Alezzo me vio y me invitó a pasar a mí también. Acepté y pasé, conté una anécdota y terminamos quedando los dos. Estudié cinco años con él, después con Carlos Gandolfo, con Ricardo Bartís... Pero mi maestro fue Agustín Alezzo.

–¿En esa época participaste de la película La peste (1991)?
–Sebastián Puenzo, el hijo de Luis, director de ese film, era compañero mío. Estudiábamos teatro juntos y éramos muy amigos. Sebastián nos propuso a mí y a mi amiga Vicky, que estudiaba también ahí, porque necesitaba gente para la película. Hice una cosa muy chiquitita, pero estaba de espectador de actores como Robert Duvall o William Hurt, que eran los protagonistas. Me pasaba el día observando la forma de trabajar de ellos. Mi propósito no fue ganar dinero, sino tomar clases con estos actores.

–Probaste varias cosas. ¿Por qué la actuación fue la que más te pegó?
–Siendo actor encontré la excusa para ser grande y seguir jugando. De chico hacía lo mismo que hago ahora pero no cobraba entrada. Era el Zorro, era Carlitos Balá, no cabían dudas. Una vuelta, siendo chiquito, escuché que a Carlitos Balá lo maquillaban y también me maquillé. Entró mi vieja y estaba todo maquilladito... Me dio mucha vergüenza. Y ahora de grande hago lo mismo: me maquillo y juego, por ejemplo, a ser el papá de mi amigo Ramiro Gigliotti, que es el que hace la puesta de esta obra. Ramiro es amigo mío de la infancia y se convirtió en un puestista de las huestes de Rubén Szuchmacher. Me basé en su papá para hacer a Jorge. Hoy juego a lo mismo con la diferencia de que me pagan una entrada.

–¿En qué momento te pudiste independizar?
–Cuando empecé a trabajar con Nicolás Repetto en su programa Nico. Yo estaba en la tribuna. Eso fue en el año 1995... este año se cumplen veinte. Empecé a cobrar un sueldo fijo, que era muy bueno, y para mí, que venía de trabajar de lo que fuera, fue espectacular. Me fui a vivir a un PH en Parque Chacabuco.

–Y así comenzó tu carrera en la tele...
–Estuve dos años ahí; el segundo lo condujo Pablo Codevilla. Después me fui a La peluquería de Don Mateo, con Gerardo Sofovich. Interpretaba a un personaje lleno de rulos que entraba con patines y que tiraba siempre una pizza. Después llegó Ta Te Show, y en 1998, si mal no recuerdo, entré a trabajar con Marcelo Tinelli, donde estuve alrededor de diez años.

–¿Cómo lo lograste?
–Estaba terminando de trabajar con Sofovich y le di un VHS con personajes míos grabados a Claudio Villarruel, que era el productor de Marcelo. Al día siguiente me llamó y me dijo que Tinelli quería que el siguiente año estuviera con ellos. Les había encantado un personaje que hablaba de Disney World. Era Jorge. Fue buenísimo.

–¿Alguna vez te mareó el éxito?
–Mientras estaba en VideoMatch ocurrieron cosas que me hicieron dar cuenta de que todo es mentira. Que sos un genio o que sos el peor son todas mentiras. Estaba en un programa de 40 puntos de rating y me sentía Mick Jagger. Una vez salí de canal, después de hacer el vivo del programa, y una señora me gritó: “¡Sos lo más grande del programa! ¡Lo miro solo por vos!”. Yo estaba súper agrandado... Justo detrás mío salió Yayo y la misma mujer me arrancó la lapicera que me había dado para que le firmara un autógrafo y le dijo a él exactamente lo mismo. Ahí me di cuenta de que todo era mentira. Esto es así: hoy comés arroz, después sushi, y después volvés al arroz. Y no son verdad ninguna de las dos cosas. 

–Vos decís que no sos imitador, pero sos uno de los mejores del país.
–Es que yo no soy imitador, soy caricaturista. Tengo cuatro chicos que mantener, hago lo que haya que hacer. La verdad es que no soy imitador ni contador de chistes; soy actor. Es más, para hacer una imitación primero lo tengo que dibujar. Después hago las prótesis, la peluca y le doy el cuerpo. Lo mismo que hacía antes con una hoja ahora lo hago con mi cuerpo. Por ejemplo, en Tu cara me suena tenía que hacer retratos. Eso fue lo que me pidieron y fue un desafío porque primero tenía que cantar y yo no lo hacía. Tuve que estudiar. Después tenía que hacer retratos y yo no lo hacía. La caricatura te permite jugar, el retrato no. Tenía que hacer un trabajo mucho más refinado. Me fue muy bien porque salí segundo pero además hice trabajos que a mí me gustó ver, como Cacho Castaña, Estela Raval, el Polaco Goyeneche, María Martha Serra Lima, Facundo Cabral. 

–Fue emotiva tu imitación de Cabral.
–Pedí hacerlo, porque era un hombre tan poco homenajeado y tan grosso... Iba a pasar sin que un montón de chicos supieran quién era. Lo hice pensando que a más de uno le iba a llamar la atención y lo iba a googlear, aunque más no fuera. Con Mercedes Sosa me pasó que me escribían por Twitter los padres agradeciéndome porque sus hijos se habían interesado por escuchar la música de ella. Misión cumplida. Valió la pena.

–¿En Peligro: Sin Codificar vas a tener personajes nuevos?
–Sí, estoy desarrollando algunos. Hoy estuve comprando ropa usada y encontré algo que me va a servir para uno. Voy a hacer un bebé con un truco nuevo en el que va a aparecer pero agarrado de mi cuello. No voy a contar más porque es una sorpresa.

–¿Cómo te va con la obra?
–Con el unipersonal hace cuatro años que estoy. Por suerte llenamos las funciones de los viernes y los sábados. La gente responde muy bien a la propuesta. Estamos muy contentos y seguiremos todo el año.
 
–A vos te encanta hacer reír. ¿Y a vos qué te hace reír?
–Denise me hace reír muchísimo. Es muy ingeniosa y ocurrente, así como la ves en televisión. Detrás de grandes personajes míos está Denise. Se le ocurren a ella. Y juntos nos matamos de risa. Los programas con bloopers me divierten mucho; también mis hijos, mis compañeros del programa. Mi compañero, el Bicho Gómez, que es como mi hermano. 

–¿Y volvés a trabajar con Tinelli?
–Después de nueve años voy a estar de nuevo con él. Hace tres que me viene buscando. Voy a hacer mis personajes y a divertirme un rato. Una de las cosas que me convenció fue la posibilidad de estar nuevamente trabajando con el Bicho. El va a estar porque ganó el Bailando y además va a estar haciendo sus personajes. Yo pedí estar con él haciendo lo que sea. 

–¿Tus próximos proyectos?
–Además de lo del Bailando y el unipersonal, tenemos planeado hacer un film con Martín Viaggio. Es una coproducción con Brasil sobre una historia de amor, con la protagonista de Avenida Brasil, Débora Falabella. Se va a llamar Esperando a Carolina y empezamos a filmar a mitad de año.

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