INVESTIGACIÓN


Entrenar el Factor E


Por Dolores Gallo.


Entrenar el Factor E


Las funciones ejecutivas influyen en el éxito profesional y en la salud de las personas, y conviene ejercitarlas desde pequeños. ¿Cuáles son estas funciones? Pensar fuera de lo establecido, saber relacionar información y dar respuestas razonadas en lugar de impulsivas.

Haga la prueba: deje a un niño solo en una habitación con un dulce sobre la mesa. Dígale que al cabo de dos minutos, si ha logrado no comerlo, como recompensa le dará otro más. ¿Será capaz de controlarse pensando en la recompensa posterior? ¿O sucumbirá a la gratificación inmediata? Incluso más importante, ¿de qué dependerá que resista o no? De su autocontrol. O, dicho de otro modo, de su inhibición, que, junto con la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, conforman las funciones ejecutivas (FE). 

Tan importantes son las funciones ejecutivas que, según Adele Diamond, neurocientífica de la Universidad de British Columbia y una de las principales investigadoras del tema, el Factor E (por executive functions) es mejor pronosticador del éxito académico que el coeficiente intelectual. Y no solo del rendimiento, sino también del futuro éxito laboral y la salud física y mental. “Si quieres que a tu hijo le vaya bien en la escuela, y en la vida, ayúdalo a desarrollar y a ejercitar sus funciones ejecutivas”, enfatiza la investigadora experta en el tema. 

Radiografía de las FE 

En concreto, ¿de qué se trata este misterioso Factor E, del que tanto se habla en el mundo académico? ¿Por qué resulta tan decisivo para el futuro de los niños? Para entenderlo, el filósofo y pedagogo español José Antonio Marina lo explica así: “Son las funciones del cerebro encargadas de organizar todas las demás funciones intelectuales, emocionales y motoras, para poder dirigirlas a una meta. Es nuestro director de orquesta cerebral, que nos permite autogestionar nuestro propio cerebro. Es la facultad que nos permite dirigir toda nuestra fantástica maquinaria cerebral hacia metas elegidas por nosotros mismos. Uno de los grandes investigadores de este tema, Roy Baumeister, sostiene que las funciones ejecutivas son las que nos hacen humanos. Sobre todo porque son las que vuelven posible el comportamiento libre”.

Las funciones ejecutivas, que dependen de la corteza prefrontal del cerebro, incluyen tres habilidades centrales: la inhibición, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. “El control inhibitorio consiste en resistir una inclinación fuerte a hacer algo y, en su lugar, hacer lo que es necesario. Nos permite resistir, no actuar movidos por los impulsos y hacer o decir cosas de las que luego nos arrepentimos”, explica Diamond.?O?sea, es lo que nos permite cambiar y elegir cómo reaccionar y de qué manera comportarnos en lugar de actuar como seres no pensantes. Sería, por ejemplo, tener el autocontrol de resistir al chocolate si hemos decidido hacer dieta. Sin ello, estaríamos a merced de nuestros impulsos y viejos hábitos. 

La memoria de trabajo, por su parte, implica almacenar información y ser capaz de trabajar con esa información. Es a lo que recurrimos cuando queremos reorganizar en la cabeza una lista de pendientes en orden de prioridad, cuando hacemos algún cálculo mental para ver si nos dieron el vuelto justo, o cuando valoramos distintas alternativas. “La memoria de trabajo es crucial para cualquier cosa que se desarrolla en el tiempo, que requiere almacenar en la mente lo que sucedió antes y relacionarlo con lo que pasa ahora”, agrega Diamond. 

Por último, la flexibilidad cognitiva no es otra cosa que ser creativos para idear nuevas formas de resolver problemas, ser capaces de mirarlos desde distintos ángulos. “Cuando una manera de hacer algo no funciona, ¿serías capaz de pensar una nueva forma de atacar ese problema, que nadie había pensado antes? También supone la flexibilidad de cambiar rápidamente el curso de un trabajo cuando es necesario, de reconocer cuándo nos equivocamos y  saber redirigir el rumbo, y de adaptarse rápidamente al cambio cuando surge una oportunidad en forma repentina”, agrega la especialista. 

Éxito académico 

¿Por qué son tan importantes las FE? “Porque nos permiten regular nuestra actividad cognitiva y emocional. Gracias a ello, podemos autorregular nuestro comportamiento, reflexionar y resolver problemas para adaptarnos a las exigencias del medio y desenvolvernos eficazmente en los diferentes ámbitos de actuación”, explica Vanessa Arán Filippetti, neuropsicóloga e investigadora del Conicet.  Diamond agrega: “Además, los investigadores comprobaron que los niños con un buen control inhibitorio, de adultos gozaban de una mejor salud y puestos de trabajo, lograban sueldos más altos y una mejor calidad de vida. Esta función ejecutiva, que es la que mejor predice los resultados a largo plazo, es un desafío mucho más grande para los niños de lo que los adultos creen. Muchas veces, pensamos que un niño se está portando mal intencionalmente, cuando en realidad quiere portarse bien pero no tiene el control inhibitorio para hacerlo”. 

Pero eso no es todo. Según las últimas investagaciones, el Factor E también es determinante para hacer amigos, mantener la armonía dentro del matrimonio, encontrar y conservar un trabajo, avanzar en la carrera profesional, y cuidar la salud física y mental. 
¿Cómo es que el factor E ha logrado desbancar al coeficiente intelectual como índice para medir el éxito de los estudiantes? ¿Qué diferencias tiene a la hora de predecir el rendimiento en los niños? “Lo que ocurre es que los tests del coeficiente intelectual tradicionales miden lo que se denomina ‘inteligencia cristalizada’. Esto es, el recuerdo de datos que has aprendido, como cuál es la capital de un país o qué significa un término determinado. La inteligencia fluida, en cambio, implica hacer uso de lo que has aprendido. Entonces, los tests de inteligencia fluida valoran el razonamiento y la resolución de problemas, que son funciones ejecutivas de orden superior. Las FE predicen el éxito en todos los niveles, desde los grados inferiores hasta la universidad. Aunque para ser franca, los test del CI de ahora también han incorporado componentes tanto de la inteligencia cristalizada como de la fluida”, explica Diamond. 

La práctica hace al maestro 

Para valorar el funcionamiento ejecutivo del niño, existen distintos tests de evaluación, pero es fundamental  la observación de su comportamiento. A veces, los niños muestran dificultades para planificar una actividad y gestionar el tiempo para ejecutarla. Les cuesta recordar y organizar la información, o inhibir la información irrelevante y mantener la atención por períodos prolongados. O no consiguen autorregular sus emociones para alcanzar un objetivo ni postergar la gratificación para alcanzar un objetivo inmediato. Todos estos pueden ser signos de disfunciones ejecutivas, que pueden deberse a causas biológicas o ambientales. “Por un lado, el déficit ejecutivo en los niños puede ser reflejo del daño frontal cortical y/o subcortical. Puede haber, por ejemplo, problemas ejecutivos tras el daño cerebral en accidentes cerebrovasculares, infecciones cerebrales, quimioterapias o traumatismos cerebrales. Además, suele haber alteraciones en las FE en trastornos infantiles, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el autismo y las epilepsias. Los ambientes empobrecidos cognitivamente, que ofrecen escasa estimulación, pueden impactar en las FE del niño”, dice Arán.

Otras veces, los niños tienen dificultades ejecutivas simplemente por hacer un menor uso de su Factor E. Por eso, resulta importante potenciar las FE, tanto dentro de la escuela como fuera de ella. “Se necesita educar el esfuerzo y el autocontrol, pasar de la disciplina externa a la autodisciplina, fomentar la motivación del aprendizaje. La mejor solución es implementar sistemáticamente estas enseñanzas desde la escuela. Un procedimiento muy sencillo es la enseñanza por proyectos. No olvidemos que las funciones ejecutivas permiten dirigir nuestro comportamiento hacia metas lejanas. Los proyectos estimulan la motivación, dirigen la atención hacia un objetivo, permiten mantener la perseverancia y facilitan el aprendizaje. Además, conviene acostumbrar al niño a reflexionar sobre lo que está haciendo, y a autoevaluar su progreso”, aconseja Marina, quien además es creador de la Universidad de Padres.

Fuera del aula, lo fundamental es la práctica. “Que se vean los beneficios de las funciones ejecutivas depende del tiempo dedicado a trabajar esas habilidades; uno tiene que empujarse a mejorar, desafiándose todo el tiempo”, dice Diamond. Con la práctica, se consigue que estas habilidades se vuelvan automáticas y naturales. También es importante que los pequeños dediquen tiempo y esfuerzo a actividades que les apasionen, como la música, el deporte o las artes. Se demostró además que el yoga, las artes marciales, el mindfulness, el aerobic y los juegos favorecen el desarrollo de las funciones ejecutivas. También existen programas de computación para fomentarlas.

Pero hay una salvedad: “En general, muchas iniciativas mejoran la función ejecutiva puntual a la que se dirigen; o sea que las personas mejoran solo la habilidad que están practicando. Entrenar la memoria de trabajo mejora solo la memoria de trabajo, pero no potencia el control inhibitorio, la velocidad de procesamiento o el razonamiento. Para un beneficio holístico, es necesario practicar diversas habilidades”, asegura Diamond. La investigadora también hace hincapié en la manera en que se hace algo. Ella predice que casi cualquier actividad puede ser un medio para mejorar la disciplina de la mente y la resiliencia. “La actividad debería  implicar las funciones ejecutivas –requiriendo concentración, información, autocontrol, adaptación al cambio y las circunstancias–, y debiera implicar que el desafío sea continuo”, explica. 

Cuanto antes... mejor

Imagine un niño que empieza el colegio con sus funciones ejecutivas bajas. Es decir, grita las respuestas sin esperar su turno, salta de su asiento, y tiene dificultad para prestar atención y completar las tareas. Siempre lo están retando y saca notas bajas. El colegio no le divierte porque es un lugar donde fracasa constantemente. ¡No quiere ir más! Su profesora espera un mal comportamiento y un mal rendimiento de él. Y él termina esperando lo mismo, además de que se considera un mal alumno. 
Ahora imagine otro niño que empieza el colegio con sus funciones ejecutivas fuertes. Levanta la mano antes de hablar, es capaz de mantenerse sentado en su silla, presta atención en el aula y completa las tareas. Vive la escuela como un lugar donde lo reconocen y donde obtiene buenas notas. ¡Quiere estar ahí! Su profesora espera que a él le vaya bien, y él entonces también lo espera. Se ve a sí mismo como un buen alumno, un ganador. 

Un niño, entonces, no quiere ir a la escuela y espera fracasar. Otro, en cambio, disfruta del colegio y espera tener éxito. Cada año la diferencia se hace mucho mayor. “Las pequeñas diferencias en las funciones ejecutivas al comenzar la escuela pueden transformarse en grandes diferencias al terminar la escuela, o más adelante en el trabajo. Por eso, creo que fomentar las FE en la primera infancia es primordial. Mejorar las funciones ejecutivas al principio ayuda al niño a iniciar una trayectoria de vida exitosa”, concluye Diamond. 

Qué dicen las investigaciones 

“Investigaciones recientes sostienen que las FE son cruciales para la independencia y autonomía del niño en las tareas cotidianas y promueven las competencias socioemocionales, como sus habilidades sociales, la relación entre pares y la habilidad para postergar la gratificación. Se demostró que un mejor control inhibitorio y autocontrol durante la infancia predicen la salud mental y psíquica en la edad adulta. La incorporación del estudio de las FE fue valiosa para comprender algunos problemas de aprendizaje. Tan es así que el National Center for Learning Disabilities (NCLD) incluye al déficit ejecutivo como un factor asociado a las dificultades de aprendizaje. Por otra parte, diversos trastornos infantiles surgen por disfunción o déficits en las FE. Distintos factores determinan las FE de un niño, no solo genéticos sino también ambientales. La escuela y la familia representan los contextos más próximos al niño, a través de los cuales implementar acciones para potenciar su funcionamiento ejecutivo”.  
Por Vanessa Arán Filippetti, neuropsicóloga e investigadora del Conicet.

Saber esperar

Tools of the Mind es un programa que propone actividades para fomentar el autocontrol y las funciones ejecutivas en los niños pequeños. En su sitio web, www.toolsofthemind.org, ofrecen varios consejos para padres sobre cómo potenciar el juego de roles.

Ideas para padres 

En casa, también se pueden implementar acciones para beneficiar el funcionamiento ejecutivo de los niños: 
•Regular y controlar la conducta del niño en sus primeros años de vida: establecer rutinas, horarios, enfatizar que es necesario “pensar” antes de “actuar”. 
•Actuar de modelo durante tareas de resolución de problemas, explicitando los pasos que se realizan para llevar a cabo diferentes actividades. Esto es importante y resulta efectivo ya que el niño 
“imita” las habilidades ejecutivas del adulto.
•Ayudar al niño a reconocer el objetivo de una tarea, a planificar cómo alcanzarlo y a monitorear y verificar su ejecución. 
•Enseñar habilidades ejecutivas y motivar al niño a que las utilice para alcanzar diferentes objetivos (prepararse para ir a la escuela, realizar tareas escolares, etc.)
•Realizar deportes y actividades artísticas, que favorecen el desarrollo de las FE.
Por: Lic. Vanessa Arán Filippetti, neuropsicóloga e investigadora del Conicet.

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