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“Escribir es un reto”


Por Alejandro Duchini.


“Escribir es un reto”
Jesús Carrasco, autor de la novela Intemperie, fue invitado por primera vez a la Feria del Libro de Buenos Aires. Sus gustos, confesiones y proyectos.

Hay muchos motivos por los cuales escribo: el placer de crear, la posibilidad de encontrar la libertad plena o la búsqueda de ese momento sublime en el que consigues escribir una frase que expresa no aquello que piensas, sino aquello que de verdad sientes y que ni sabes que sientes. También escribo porque es un reto para mí. Me gusta intentar hacer aquello que no sé hacer y la literatura es para mí un campo infinito en ese sentido”. La afirmación es del escritor español Jesús Carrasco, invitado a la 41a edición de la Feria Internacional del Libro. Su primera novela, Intemperie, ha cosechado críticas positivas en todo el mundo. Algunos hasta lo compararon con el gran Cormac McCarthy, el autor de La carretera. Otros lo han definido con estas palabras: “Una de las voces más originales y emocionantes de los últimos años”.

“Con la lectura podemos conocer el modo de ver el mundo de Tolstoi, de Borges o de Storni, y eso es algo maravilloso. Solo los lectores saben de verdad lo que significa leer”.

Pero más allá de su talento, antes de viajar a la Argentina para asistir a la Feria, este hombre de 42 años nos confiesa cómo se metió en la lectura y por qué cuenta historias. Además, comenta que se emociona cada noche cuando le lee cuentos a su hija antes de que se vaya a dormir.

–¿Qué papel juegan en vos y en tu escritura las tan buenas críticas que recibiste por Intemperie?
–Eso es algo que no tengo claro. Intento separarlas de la escritura, considerarlas como opiniones individuales, no como sentencias. El libro ha recibido críticas y valoraciones de todo tipo y eso es algo que agradezco. Muchas de ellas coinciden con mi propia valoración del libro.

–¿Es la novela que querías escribir?
–Sí y no. Hay un refrán que resumiría bien mi respuesta a esta pregunta: “La vela propone y el viento dispone”. Una cosa es lo que uno pretende y otra lo que consigue. En cualquier caso, estoy satisfecho con el resultado.

–¿Cuánto duró el proceso de escritura y cómo fue?
–La escribí en dos períodos repartidos a lo largo de siete años. La comencé y me quedé bloqueado, así que decidí iniciar otra novela que logré concluir y que, al final, terminé guardando en un cajón. Fue el trabajo en esa novela “fallida” el que me mostró el camino para continuar escribiendo Intemperie.

–Intemperie fue comparada con La carretera, la gran novela de McCarthy. ¿Significa algo para vos?
–Lo significativo, más que el libro, es el escritor. Me gusta mucho McCarthy, pero debo decir que La carretera, aunque es un trabajo extraordinario, no es mi libro favorito de él. Me siento más identificado, por caso, con Meridiano de sangre o incluso con Sutree.

–¿Considerás que Intemperie es también una historia sobre la confianza y la desconfianza?
–Supongo que cualquier historia en la que dos personas están solas frente a una amenaza común termina siendo una historia de conocimiento mutuo y, por tanto, de la búsqueda de un equilibrio entre la confianza y la prevención. En el caso de Intemperie, ese equilibrio pende de un hilo durante casi toda la novela.

–Y también es sobre la dignidad.
–Sí. Mi experiencia me dice que el ser humano ejerce su dignidad en cada uno de sus actos, especialmente en los momentos de penuria o extrema necesidad. Intemperie es una indagación, de las muchas posibles, sobre la idea de dignidad.

–¿Alguna vez te quisiste escapar de tu casa, como el chico de la novela?
–¡Por supuesto! Cuando era niño. Y no porque en mi casa me trataran mal, al contrario. Valía cualquier motivo para querer iniciar la aventura: que no me gustara la merienda, que me obligaran a recoger la mesa o que mis padres insistieran para que estudiara. En mi imaginación tomaba los mismos caminos que el niño de la novela: los campos que rodeaban el pueblo en el que vivía, el único mundo que conocía en aquel momento.

–¿Por qué es bueno leer?
–Hay muchos motivos. El más inmediato es que leyendo podemos participar del pensamiento y de las emociones de otros. Saber lo que piensa un amigo o lo que siente tu hermano es algo sencillo. Basta con preguntar. Pero con la lectura podemos conocer el modo de ver el mundo de Tolstoi, de Séneca, de Simone de Beauvoir, de Borges o de Alfonsina Storni, y eso es algo maravilloso. Por otra parte, leer es una actividad sumamente placentera. Pero para entender la clase de placer a la que me refiero, es preciso leer. Solo los lectores saben de verdad lo que significa leer. 

–¿Recordás cuál fue el primer libro que leíste y qué sentiste entonces?
–Asterix y los normandos. No recuerdo lo que sentí, pero algo debió de pasar porque, a partir de ese momento, ya no paré de leer.

–¿Cuándo te diste cuenta de que la lectura te provocaba sentimientos?
–Durante mi adolescencia, cuando empecé a leer autores que hablaban de los problemas de alguien que ya tenía capacidad para observarse a sí mismo. María Gripe, Anke de Vries... autores de literatura juvenil que siempre recordaré con enorme cariño.

–¿Cuál fue la historia más linda o emocionante que te hayan contado?
–Una mujer llamó a casa de mi madre. Se presentó diciendo que había nacido en el mismo pueblo que ella y que tenía más o menos su edad. Mi madre nació en la posguerra en Feria, un precioso pueblo de la provincia de Badajoz. España se moría de hambre en aquel tiempo, pero gracias a mi abuelo, que era un hombre muy emprendedor, la familia de mi madre siempre tuvo comida. Uno de los negocios de mi abuelo consistía en comprar almendras a los agricultores de la zona y luego partirlas para vender por un lado la semilla y por otro la cáscara. Aquella mujer le dijo a mi madre que la llamaba, cincuenta años después, para darle las gracias por meterle almendras en los bolsillos del abrigo para que pudiera comer algo.

–¿Qué libros te marcaron?
–Hay muchos, así que citaré solo algunos. La isla del tesoro, de Stevenson, por su potencia evocadora. El cántico espiritual, de San Juan de la Cruz, porque me recuerda a mi padre y por la hondura de sus versos. La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, porque es el juego literario más serio que he leído.

–¿Es interesante participar en la Feria del Libro de Buenos Aires? 
–Me gusta mucho hablar de literatura, y hacerlo con escritores como Hernán Ronsino, Alberto Olmos o Selva Almada es un privilegio. Es estimulante visitar una feria cuyo centro es el libro. Hay escritores, editores, libreros, lectores, personas con las que comparto el amor por los libros. 

–¿Conocés de literatura argentina? 
–Los autores argentinos que más he leído han sido Borges y Cortázar. Siempre alimentaron en mí las ganas de escribir.

–¿Cuál es la lectura para tus hijas?
–Tengo dos hijas pero, de momento, solo le leo a la mayor. Durante muchos años hemos ido reuniendo una biblioteca infantil donde es ella la que elige lo que quiere que le lea cada noche. Pueden ser los álbumes de Oliver Jeffers; La mano negra, de Hans Jürgen Press, o libros de Daniel Nesquens, que a mí me gustan mucho.

–¿Te genera algo leerle?
–Es un momento muy bonito leerle a un niño. Escuchan con total atención. En ese instante solo existe para ellos la historia que les estás contando. Eso es algo que me encanta porque los adultos tenemos una gran capacidad para la dispersión.

–¿Cuál es la mejor opción: releer o descubrir nuevos libros?
–Practico ambas modalidades, aunque le dedico mucho más tiempo a la lectura que a la relectura. También debo decir que, cuando un libro es importante, es maravilloso reencontrarlo con otra mirada.

–¿Tenés alguna rutina para escribir?
–Generalmente escribo en bibliotecas públicas. Para mí es importante salir de casa y separar así la actividad de escritura de mi vida familiar.

–Dado que Intemperie es tu primer libro, ¿ya vivís de tu profesión?
–Dejé de trabajar como redactor publicitario. De momento, mientras pueda permitírmelo, dedico mi tiempo exclusivamente a la escritura literaria. A partir de la publicación de esta novela he tenido la oportunidad de conocer a muchos escritores del mundo editorial. Y me he sentido muy bien acogido. Creo que a los que nos dedicamos a algo tan solitario nos sienta bien encontrar a otros que hacen lo mismo y compartir. A mí, desde luego, me sienta muy bien. 
 

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