ENTREVISTA


“Me hice director jugando”


Por Leo González.


“Me hice director jugando”
Juan Taratuto es uno de los mejores directores de cine del país. A sus éxitos más renombrados, como No soy vos, soy yo y Un novio para mi mujer, se le suma Papeles en el viento y una infinidad de comerciales. Con ustedes, un mago de la pantalla grande.

Tiene una expresión calma y relajada. Juan Taratuto está cómodamente sentado y listo para la charla, con el semblante de alguien dispuesto a pasarlo bien en la entrevista. Dirigió un puñado de películas y con eso le bastó para convertirse en uno de los mejores directores de nuestro país. Hace veinte años comenzó su carrera como asistente de dirección, pero recién se puso detrás de cámaras en 2004, con la película que también escribió y que lo catapultó a la fama: No sos vos, soy yo. El largometraje obtuvo la mayor recaudación de ese año para un film independiente argentino y fue vista por más de 500.000 espectadores. Nada mal para la ópera prima de un realizador que, aún hoy, sigue diciendo que está aprendiendo. Lidera una productora junto a dos colegas, llamada Concreto Films, con la que hacen televisión, publicidad, y que les permite hacer películas. Una de sus últimas publicidades es “La heredera”, que continúa la historia de la famosa pareja consumista. Su filmografía varió entre la comedia y el drama, y en su última película, Papeles en el viento, combinó ambos géneros de manera magistral. Hablamos con el hombre que se hizo director casi jugando, como cuando era chico… 

–¿Es cierto que de chico eras un gran fanático de los Playmobil?
–Para mí, hacer una película y jugar con los Playmobil es la misma tarea. Es inventar un mundo, una historia, y ejecutarla. Tenía todos los que podía, desde el vaquero hasta el bombero. Cuando tenía 9 años nos fuimos a Europa, y mi tía nos había regalado a mí y a mis hermanos cien dólares a cada uno. Una mañana nos escapamos del hotel mientras mi padre y su mujer dormían, nos fuimos a una juguetería y nos gastamos los trescientos dólares en esos juguetes, que después nos hicieron devolver. Disfrutaba mucho de armar de la nada mundos e historias, y siento que eso es lo mismo que hago en la vida cotidiana, aunque a veces me crea mucha desazón porque no puedo tener ese control, como tenía antes, sobre las cosas. A veces salgo de un set y las cosas se presentan muy mal organizadas. Me parece muy caótica la vida.

–¿Cuándo decidiste ser director?
–Tengo el recuerdo de ser chico, 7 u 8 años, de jugar mucho con los Playmobil y con los autitos, y de ir por la calle y sentir que la vida estaba siendo filmada, que las acciones estaban siendo filmadas. Lo sigo hablando en terapia y todavía no llegamos a ninguna conclusión. Cuando tenía 14 años, en el secundario se armó un taller de cine; además, mi padre era autor, con lo cual muchas veces iba a las grabaciones. Era un mundo que me atraía muchísimo. Estaba entre el cine y la publicidad, y de hecho estudié las dos cosas y trabajo en eso. Nunca hice nada más. Salí a los 17 del colegio y en marzo del otro año entré a trabajar en una productora durante un año, sin cobrar un peso. Eso me ayudó a tener contacto laboral con este mundo. Antes de empezar a estudiar cine había hecho talleres, cortos. La verdad es que me hice director jugando; me atrae mucho este trabajo. Este oficio lo voy a practicar hasta el final de mis días.

–Tu última película es Papeles en el viento. ¿Cómo elegiste ese proyecto?
–Fue muy loco cómo nació. Daniel Rabinovich, con quien trabajé en ¿Quién dice que es fácil? en 2006 y con quien quedamos muy amigos –lo admiro profundamente más allá de su trabajo con Les Luthiers–, un día me invitó a comer a la casa. Entre los invitados estaba Eduardo Sacheri. Yo había leído cosas suyas y se acababa de estrenar El secreto de sus ojos. Intercambiamos teléfonos y nada más. Al poco tiempo, mi mujer, que obviamente conoce cuáles son mis sentimientos o dónde me encuentro emocionalmente, me regaló la novela Papeles en el viento y me dijo: “Siento que hay algo acá que a vos te va a gustar”. Yo estaba en Mar del Plata, acompañándola a ella, que estaba haciendo teatro, y la novela me atrapó.

–¿Por qué?
–Es de esas novelas que no querés dejar de leer y, a la vez, no querés que se termine porque esa primera lectura, con esa frescura, no la vas a volver a tener. Mientras la iba leyendo iba armando la película y cada escena me confirmaba que esa historia tenía que ser amplificada y contada masivamente. Me identificaba, anotaba cosas, pensaba en actores; me pasó algo muy fuerte en esos tres o cuatro días mientras la estuve leyendo. Yo soy muy impulsivo y, a veces, tengo que tratar de frenar eso. Todavía tenía que terminar de filmar otra película, que era La reconstrucción, pero hablé con mi productor, con Diego Peretti, y me animé a llamar a Eduardo. A partir de ese momento, comenzamos a trabajar en la posibilidad de adaptar la novela. Mi mayor trabajo y anhelo era respetar la emoción del relato, sin que me jugara una mala pasada el ego, cosa que puede pasarle a uno como director. Filmarla fue un lindo desafío.

–La película aborda el tema del fútbol. ¿Cómo te llevás con ese deporte?
–Me gusta mucho. Soy hincha de River, pero más que hincha del equipo, soy hincha del buen fútbol. Descubrí de grande que me gusta mucho jugar. Es un lugar de encuentro, tiene una lúdica como jugador y como hincha de poder conectar con alguien aunque no lo conozcas. Cada vez lo disfruto más, es pasión.

–Decime, Juan, ¿Diego Peretti es tu actor fetiche?
–Con Diego nos conocemos hace muchísimo tiempo. Hicimos un corto hace veinte años, que fue mi tesis de la Universidad del Cine en 1994, cuando él estaba empezando en Zona de riesgo. Diez años después hicimos No sos vos, soy yo. Me gusta trabajar con él, somos amigos y compartimos la misma mirada. Pero además es un actor muy inteligente y el método de ensayo que tenemos sirve en la reescritura de los guiones. Él participó en la reescritura de La reconstrucción y en Papeles en el viento también. Es una persona que respeto mucho y creo que como actor tiene un talento que me encanta. Me siento muy cómodo trabajando con él.

–Comentaste que Cecilia fue la primera persona que confió en vos más que vos mismo. ¿Cómo la conociste?
–Trabajé como asistente de dirección de una película que se filmó en Los Ángeles en 1997, La noche del coyote, y ahí la conocí. Después tenía la idea de hacer No sos vos, soy yo y la llamé porque me había parecido una actriz linda y además inteligente e interesante para trabajar y compartir tareas. Tenía ganas de escribir con un actor o una actriz, y fue la excusa que encontré para encararla.

–Con una mamá actriz y un papá director, me imagino que tus hijos vienen con el cine en el ADN.
–Por ahora jugamos juegos de rol, de actuación, y contamos historias. Sin ninguna intención, he hecho algo de animación stop-motion en la computadora con los dos. Santiago, el más grande, que ahora empieza la secundaria, dice que quiere ser actor. El más chico no dijo nada todavía. Ellos vienen a las filmaciones, van a ver las funciones de la madre, conviven con eso todo el tiempo. Con lo bueno y lo malo, ¿no?

–¿Qué fue lo mejor que te dio esta  profesión?
–Creo que las dudas. La posibilidad de estar dudando de lo que uno está haciendo continuamente, y de ensamblar la vida y las propias sensaciones y creencias con las películas que voy haciendo. Amalgamar todo eso.

–¿Tuviste mucha suerte en tu carrera?
–Casi todas las personas que conozco en cualquier área, que se han propuesto algo honestamente, con un deseo en su esencia, lo han cumplido. Hacer una película o diez es lo mismo. La suerte está. Porque, por ejemplo, cuando estrenamos No sos vos, soy yo llovió tres fines de semana seguidos y la gente fue mucho al cine y pasó lo que pasó con la película. Si uno es auténtico, las cosas que uno espera van a suceder.

•Juan Taratuto nació en Buenos Aires en 1971. Egresó del Colegio Nacional de Buenos Aires y estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. También estudió en la Escuela de Cine de Avellaneda y en la Fundación Universidad del Cine. Desde 1995 es director publicitario y sus comerciales han ganado varios premios. Su debut en el cine lo hizo con el film No sos vos, soy yo (2004), que cosechó muy buenas críticas y aceptación del público. En 2008 estrenó Un novio para mi mujer, una comedia con Adrián Suar y Valeria Bertuccelli, y en 2013, La reconstrucción, con Diego Peretti y Claudia Fontan. Su último film es Papeles en el viento. Tiene una productora, Concreto Films, y está casado con la actriz Cecilia Dopazo.

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