INVESTIGACIÓN


Fuente de amor


Por Mariano Petrucci.


Fuente de amor 

En la actualidad, sobran los debates alrededor del “mundo bebé”. Uno de ellos se centra en la lactancia: ¿Natural o artificial? ¿Acotada o prolongada? Un libro, entre muchos otros que se están editando sobre la temática, destierra mitos y polemiza sobre sus bondades, tanto para el recién nacido como para la madre.

De vaca, de soja, de coco. No. No todas las leches son lo mismo, por más que nos hayamos acostumbrado a pensar lo contrario. Mucho menos si incluimos en ese grupo a una muy especial: la materna. “La leche humana es un tejido vivo, y los especialistas cada vez encontramos menos motivos sensatos para compararla con otras. La leche materna es responsable de las respuestas inmunológicas y antinfecciosas mediadas por células. Estas células no son destruidas en el tracto gastrointestinal del bebé y conservan toda su capacidad fagocítica. Por lo tanto, en el recién nacido, son las células y las inmunoglobulinas maternas las responsables de protegerlo de la sobreestimulación antigénica. La leche humana contiene proteínas, azúcares, grasas, minerales, vitaminas, hormonas y enzimas, en concentraciones ideales y proporciones exactas”, explica Violeta Vazquez, doula, puericultora y autora del libro Dar la teta: Un método que biodecodifica nuestras partes olvidadas y nuestros potenciales ocultos. 

Hace varios años que se estudia el efecto de la flora intestinal del ser humano. Sí, así como lo lee. Con el correr del tiempo, se comprobó que la leche no es un fluido estéril: contiene factores vivos provida. “Se trata de la microbiota. Hoy se considera al intestino como el segundo gran cerebro que tenemos, ya que marca nuestro perfil inmunológico de por vida, sobre todo si la leche materna es la primera sustancia ingerida. La microbiótica de la leche humana forma una barrera microbiológica primaria, que es muy importante para prevenir infecciones. Además del efecto inmunomodulador, tiene consecuencias antiinflamatorias”, sostiene quien es directora de la Escuela de Formación Profesional en Puericultura y Familia “Panza y Crianza”. 

Los debates sobre los bebés siempre están dando vueltas: horas de sueño, colecho, destete, lactancia extendida. No obstante, varias de esas discusiones en torno al apego están tan cargadas de desinformación que confunden. Pero, se sabe, la polémica cotiza en alza: ¿O no recuerdan la portada de la revista Time, que mostraba a un niño de 3 años, parado sobre una silla, tomando del pecho de su madre? “La lactancia es un acuerdo entre la mamá y bebé, y dura hasta que ambos o uno de ellos diga lo contrario. La Organización Mundial de la Salud señala que hay diferencias hasta los 2 años entre los bebés que están y no están amamantados. La leche humana es el 100% de la alimentación requerida hasta los seis meses, y el 60-70% del aporte calórico y nutritivo hasta los doce meses. El segundo año, esos números descienden al 40%”, grafica Vazquez. Y prosigue: “No me parece prolongado dar dos años de teta. Pero antes aclaremos algo: ¿quién puede arrogarse el derecho de levantar la voz contra una mamá que decide no amamantar o contra aquella que lo hace con su hijo de 4 años? Sí hay estudios que concluyen que el amamantamiento prolongado no tiene efectos nocivos, siempre y cuando el niño logre sociabilizar bien con los demás, y tenga sus espacios de juegos y vinculación con la mamá, más allá de la teta”.
 
–En tu libro sostenés que dar de mamar tiene un contenido emocional para el recién nacido. ¿Cómo es eso?
–Lo más importante es la comunicación con los padres. Y la más arcaica, animal y maravillosa es la del contacto. La lactancia es la continuidad del parto y del embarazo. ¿Por qué digo esto? Búsquenlo en cualquier video de Internet: el bebé recién nacido repta desde la panza de la mamá hasta su pecho y se prende. Allí, ambos producen cada vez más oxitocina: la llamada “hormona del amor”. De esta manera, se sienten unidos, perteneciéndose, a medida que la oxitocina contrae el útero de la mamá para que alumbre la placenta y se detengan las hemorragias.

–Otro punto interesante de tu investigación es que, amén de los beneficios que tiene para el bebé, “dar la teta es transformador y sanador para la madre”. ¿Por qué?
–Los especialistas estudiaron la probabilidad de que este acto disminuya los riesgos de padecer cáncer y osteoporosis. Volvamos a los datos de la Organización Mundial de la Salud: la lactancia materna suele producir amenorrea, que es un método natural, aunque no totalmente seguro, de control de la natalidad. Según esta entidad, reduce el cáncer de mama y ovario, y ayuda a la madre a recuperar más rápidamente su peso anterior al embarazo. Pero el hecho consumado es que nos reconecta con nuestros deseos. Darnos cuenta de quiénes somos, dónde está nuestra parte herida, qué repetimos o perpetuamos, y qué queremos frente al futuro.

Ficción versus realidad

“Yo no producía suficiente leche”, “En mi familia ninguna mujer pudo amamantar a sus hijos”, “Mis pechos son pequeños”, “Mi leche era aguada”… ¿Se siente identificada con alguna de estas frases? La conclusión sería que algunas lactancias fracasan. ¿Pero eso es un mito o una realidad? “El cuerpo está tan preparado para lactar como lo estuvo para gestar. No hay mujeres a las que se les ‘seca’ la leche o que tienen ‘mala’ leche. La leche materna cambia todo el tiempo. No es la misma a la mañana que a la tarde, ni es la misma la de una teta que la de la otra, ni es la misma cuando el bebé tiene un mes que cuando tiene tres. Si un bebé pudo nacer del vientre de su madre sin sustitutos ni úteros tecnológicos o industrializados, ¿por qué creer que nuestra leche no será suficiente o necesitará complementos? De cualquier forma, no hay por qué defender la lactancia: la lactancia se defiende sola”, esgrime Vazquez. 

–Cada uno con su librito: hay mujeres que no desean amamantar…
–Y merecen ser respetadas y acompañadas. Cada una debe escuchar su voz interior y respetar sus tiempos. Los problemas aparecen cuando no sabemos qué nos pasa, qué queremos, qué necesitamos. 

–La mirada que tenés sobre la relación entre la maternidad y la sociedad de consumo es particular. ¿Podrías profundizarla?
–Lo que ocurre es que nos llenaron de miedos y culpas con respecto a la buena o mala crianza de los niños. Es interminable la cantidad de productos y servicios pensados para separar a los padres de sus hijos: coche, huevito, mamadera, pezonera, bañera, cosméticos, chupetes, etcétera. Nos hacen creer que es para educarlos autónomos, cuando la mayoría de los adultos somos adictos a algo por no haber podido bancarnos el vacío que significa la soledad.

–Es como que buscamos más explicaciones de las que a veces hay…
–Sí. Los niños nos sacan de las estructuras y nos exigen una adaptación imposible de hacer siguiendo una receta, un libro o un consejo de crianza. Los chicos lloran, y no tiene sentido convencernos de que “es la panza”, “es el hambre”… ¡Simplemente lloran! Y si no los estimulamos con el último rompecabezas para bebés de colores didácticos, crecerán igual, y quizás hasta lleguen a la universidad. Reivindico la teta, el colecho, los brazos, los mimos, porque es la opción más cómoda para sobrevivir. Rescato la figura de la madre, en el universo complejo y demandante del niño y los opinólogos de la infancia. Los juguetes más modernos y aplaudidos por los diseñadores “progres” no tienen efecto sobre un niño que se emboba con las aspas del ventilador. 

–¿Hay una idealización alrededor de la maternidad?
–Pienso que sí. Compramos esa imagen de revista del bebé divino, con olorcito a perfume, y ese mensaje de que podrá costar un poquito al principio, pero todo resultará genial. La situación es amorosa y dulce... para el que la mira de afuera. Para una, la sensación es: ¿Quién me metió en esto? ¡Te preguntás por qué no lo pensaste dos veces! Por supuesto, es una manera de decir. Un hijo es lo más hermoso e importante que te puede pasar en la vida, pero hay muchas contradicciones dentro de este universo. Y las mujeres, a veces, no estamos habilitadas socialmente para experimentarlas.

Biocodificación Rizoma 

Así se llama el método que ideó Violeta Vázquez, que incluye a la lactancia, pero también la excede. ¿De qué se trata? Ella misma lo cuenta: “Es un método de indagación y sanación basado en decodificar la biología, la genealogía y la propia historia de una persona desde la gestación. Se trata de una terapia de desprogramación de síntomas, comprendiendo su origen, sentido y ciclos. Para ello, utilizamos herramientas, como meditaciones chamánicas y constelaciones rizomáticas. ¿Qué se puede decodificar? Un dolor, un temor, un vínculo roto o tóxico, un conflicto emocional, un accidente, un obstáculo, un misterio. 

¿Cómo? Buscando los conflictos disparadores de la problemática: aquellos hechos que en la vida del consultante fueron haciendo huella. Esta técnica incluye hacer un árbol genealógico de la familia, para encontrar el hilo conductor del conflicto. En los ancestros encontramos muchísimas respuestas a nuestros problemas”.

Fenómeno 

Las librerías se pueblan cada vez más de ejemplares sobre el “mundo bebé”. Amén de Dar la teta: Un método que biodecodifica nuestras partes olvidadas y nuestros potenciales ocultos, podemos encontrar El camino para una lactancia y crianza feliz, de Marta Maglio de Martín y Pilar Graiño de Ramognini. Allí, las autoras presentan una guía completa sobre los principales cuidados del recién nacido en los primeros años de vida. Con la teoría de que amamantar es dar salud y amor, destierran mitos, comparten sugerencias y bucean por el universo de las puericultoras. También tratan situaciones como la vuelta al trabajo, la elección de la cuidadora, el destete, la importancia de los límites, los cambios en el sueño, la alimentación adecuada y la presencia de los abuelos, entre otras.

Estudio 

La norteamericana Universidad de Brown comprobó que los bebés alimentados con leche materna desarrollan mejor el cerebro que aquellos que la combinan con la artificial. A través de resonancias magnéticas, observaron el crecimiento del cerebro en más de cien niños de entre diez meses y 4 años. Los dividieron en tres grupos: los que ingirieron solo leche materna, los que la combinaron y los que exclusivamente tomaron la artificial. El primero de ellos tuvo el crecimiento más rápido de materia blanca mielinizada. Creer o reventar.

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