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Performance en vivo


Por Carolina Thibaud.


Performance en vivo 

La primera bienal argentina de este arte, BP15, que se desarrolla en estos días, ha puesto en el tapete esta forma artística sin límites ni reglas claras, en la que el vínculo entre el artista y el espectador ocupa un lugar privilegiado.

Corre el año 1974 y la artista serbia Marina Abramovic está sentada en una mesa de la Galleria Studio Morra, en Nápoles. Sobre la mesa hay comida, un arma, objetos de aseo. Los espectadores, que van entrando a la sala de a grupos, reciben una única consigna: pueden hacer con ella lo que quieran. Ritmo 0, una performance que marcaría la historia de la disciplina, duró un total de seis horas. Abramovic, uno de los grandes nombres del mundo de la performance, recibió agresiones y hasta le apuntaron con el arma. “Lo que aprendí –comentó ella después– fue que si los dejás, están dispuestos a matarte”. Por estos días, la maestra de este arte acaba de ofrecer una perfomance en el Centro de Experimentación de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), en el marco de la Bienal de Performance 2015 que se desarrolla en el país hasta los primeros días de junio. En su workshop, Marina trata de que todos se liberen de las distracciones cotidianas y logren permanecer en silencio y mirar hacia adentro. O sea, limpiar la casa, la mente y el cuerpo. ¿Cómo? Algunos de los ejercicios consisten en contar granos de arroz y de lentejas, caminar ida y vuelta de manera muy, muy lenta, o mirar fijo unos cuadrados de colores que cuelgan de la pared. Son ejercicios que tratan de facilitar el reconocimiento del interior.

¿Qué, cuándo y dónde? 

No es fácil aventurar una definición y una fecha de nacimiento. Pero se tiende a pensar que sus inicios datan de los sesenta, una década clave con el nacimiento del concepto de happening y artistas como Andy Warhol, Allan Kaprow y Yoko Ono. Pero recién hoy, cincuenta años más tarde, la performance empieza a derribar las barreras que la mantuvieron dentro de un reducto exclusivo para artistas y conocedores, y el público se acerca más masivamente. El año 2015, dicen muchos, es el de la performance. BP15, la primera bienal de performance que se organiza en la Argentina, termina a fines de junio. Cuenta con la presencia de figuras de la escena internacional y varios artistas locales. Una prueba de que la performance comenzó a salir a la calle fueron las quinientas entradas para la conferencia de Abramovic que se agotaron en seis minutos.

¿Qué es la perfomance? Cada uno tiene una definición propia. “Es una obra que se desarrolla en vivo y en la que conviven diferentes lenguajes,” se anima la artista Ana Gallardo, que en la bienal presenta su obra en el Museo Provincial de Bellas Artes de San Juan. A Nicolás Varchausky, un músico y performer que presenta su trabajo en el Museo MAR de Mar del Plata, una definición también le resulta esquiva. “No creo tener una definición integradora de performance. Me interesan las situaciones en las que el cuerpo (presente, mediado o reemplazado) construye un tipo de ficción muy particular, sin actuación, casi transparente con la realidad. Me interesa cómo a partir de gestos o acciones efímeras podemos generar impresiones y recuerdos de una potencia a largo plazo”, esgrime. 
Las reglas no son claras (o no existen) y parte del atractivo es que el espectador no sabe muy bien con qué se va a encontrar. La idea del artista es llegarle hasta lo más hondo, movilizarlo, conmoverlo, involucrarlo de alguna manera. Se trata de crear un espacio de intimidad con el público.

Intimidad 

Hablando de sus inicios como performer, Gallardo cuenta que su primer trabajo fue con su tía Rosita, que por ese entonces tenía 79 años. “Le propuse hacer juntas el desarrollo de una pieza que contara su historia de amor. La preparamos en dibujos; las dos dibujamos en las paredes de la sala del Centro Cultural Recoleta. Esa pieza fue un antecedente de lo que yo considero una acción performática en mi trabajo”, relata. En el trabajo que Rubio presenta durante la bienal, esta cuestión del vínculo con el espectador está palpablemente presente. La performance, titulada El tiempo entre nosotros, se desarrolla dentro de una habitación que se construyó en el Parque de la Memoria, en la ciudad de Buenos Aires, a la que los espectadores ingresan en grupos de veinticinco y pueden regresar todas las veces que quieran. “La acción sucede ahí dentro durante cinco días ininterrumpidamente. 

El performer sale de su espacio acostumbrado para construir una nueva forma de invertir su tiempo. Los espectadores entran a esa habitación en diferentes momentos del día, para asistir a diversas situaciones. En ese espacio, come, duerme, está en silencio, escribe, habla por la radio, etc.,” explica Fernando Rubio. El concepto de intimidad también está muy presente en la obra que presenta la artista Ana Gallardo en el Museo Provincial de San Juan, en el marco de la bienal: “Es una acción que tiene que ver con mi historia personal; propongo un espacio de veinte minutos donde simplemente genero un momento de intimidad. El acercamiento del público es también sencillo, porque es una pieza clara, íntima, pequeña, que dice cosas con las que el público puede identificarse”. Nicolás Varchausky se acercó a la performance para ir más lejos en su exploración de las posibilidades “del cuerpo en escena y de la cualidad performática de la música”. Al performer le toca, casi siempre, “poner el cuerpo”. 

“En general, trabajo con sonidos generados electrónicamente, involucrando el cuerpo como un elemento de transformación sonora y reflexionando sobre qué rol cumple el cuerpo en determinados entornos o dispositivos tecnológicos”, explica. Dice que antes de que llegue el público siente curiosidad por saber cómo se acercarán y responderán a su obra. Presenta la performance en Mar del Plata junto a Matías Sendón y Juan Onofri Barbato. “Durante la performance vamos construyendo poco a poco un sonido que en cierto sentido se relaciona con el sonido continuo del mar y de sus mareas. En ese sentido, creo que el público marplatense tiene una sensibilidad particularmente afinada a ese tipo de masas sonoras y sus fluctuaciones, un inconsciente colectivo sonoro específico e intransferible”, afirma. 

2015, ¿un año clave? 

Para Ana Gallardo, el 2015 es definitivamente el año de la performance. Según Varchausky, no es tan simple: “Aunque se ha ganado un lugar en el circuito del arte, no creo que sea popular en términos de público. Apenas una porción ínfima del arte contemporáneo lo es”, afirma.  Rubio se pregunta si la performance necesita popularizarse y qué efectos puede tener esta popularización. “En general, la masificación tiende a ser negativa para los núcleos de investigaciones”, asegura.  Pero más allá de las opiniones personales, la expectativa que produjo BP15 evidencia que la performance atrae al público.  


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