INVESTIGACIÓN


Ilusiones & sueños


Por Daniela Calabró.


Ilusiones & sueños  
El que dice que “los sueños, sueños son…” se equivoca. Hay que trabajar, y duro, para hacerlos realidad. Aquí, algunas historias de deseos cumplidos y los motivos por los que hay que seguir soñando.

El show terminó. Violetta (Martina Stoessel) se bajó del escenario y las tres niñas se prepararon para ir otra vez a sus casas. Las dos Kiaras y Camila (de 5, 9 y 8 años, respectivamente) ya sentían su sueño hecho realidad. A pesar de las duras enfermedades con las que las tres luchan hace años, habían podido disfrutar del show de su ídola. Sin embargo, faltaba más: la bella Violetta estaba esperándolas para conocerlas, cantar con ellas y llenarlas de regalos. 

Mientras tanto, Daniela, una peruana de 13 años que soñaba con conocer la Argentina, pudo dejar atrás todas las trabas que le ponía su salud y recorrer la ciudad de Buenos Aires junto a su mamá y su hermana. Desde la Fundación Make-a-wish, hada madrina del sueño de estas cuatro niñas y de los de otros centenares de niños con enfermedades severas, explican que cuando una persona tiene una ilusión, desde el momento cero se pone en marcha un mecanismo interno: si uno cree que algo muy deseado puede hacerse realidad, la vida se camina con otra motivación, con mayor optimismo y mucho más compromiso.

“Concretar el máximo deseo de un niño gravemente enfermo ayuda a darle esperanza, fortaleza y alegría. Si su máximo deseo se cumplió, ¿por qué no va a ser real la posibilidad de curarse? Además, desde el momento en que son entrevistados comienza la expectativa por lo que han pedido y eso los saca del difícil momento que están atravesando”, describe Mónica Parisier, presidenta de la entidad. Eso mismo es lo que sucede con todos los seres humanos, sin importar su edad ni su nacionalidad. “Una ilusión es un escenario que imagina nuestra mente sobre algo que esperamos que ocurra. Eso significa que lo vemos como posible. Y si lo vemos como posible, automáticamente, se transforma en un motor que hace que emprendamos acciones hacia su concreción”, argumenta Ana Cecilia Vera, coach ontológica y autora de publicaciones vinculadas a la superación personal. “La función más importante de las ilusiones en nuestra vida es permitirnos soñar, imaginar eso que sentimos que nos hará felices. Y se concrete o no, debemos utilizarlo como empujón. Tenemos que movernos en pos de lo que queremos”, agrega. 

Qué soñamos cuando soñamos 

Un barómetro de la ilusión, creado en España por la página web lailusionquenosmueve.com, pone a los viajes en el podio de todos los deseos, con alrededor de un 40% de prevalencia. Hombres y mujeres, solteros o casados, tienen el sueño de conocer el mundo. Solo en el caso de los abuelos y de las amas de casa, el anhelo más fuerte cambia de rumbo: ellos quieren hacer algo concreto por sus hijos o sus nietos. Otra aspiración recurrente, con alrededor de un 30% y principalmente en las mujeres, es tener más tiempo para compartir con su gente querida. 

Además de ahondar en las acciones que más ilusión generan, este relevamiento (que incluyó más de 2000 entrevistas, en toda España) se propuso obtener un índice general de ilusión, para el que se contemplaron los proyectos de los entrevistados y el nivel de esperanza que tienen de concretarlos. Los índices fueron muy parejos entre hombres y mujeres (51% contra 49%) y se elevaron solo unos dígitos entre los 35 y los 44 años, con respecto a otras edades, aunque volvieron a subir para la gente de más de 65 años.

Un dato curioso es que el dinero no parece ser sinónimo de ilusión, ya que en las clases bajas se vieron mayores índices que en la clase alta. En esa categoría, la más esperanzada, por lejos, fue la clase media.  Por su parte, el trabajo se posicionó como un factor de bienestar, ya que los trabajadores activos presentaron mejores índices que los retirados, los desempleados y los estudiantes. 
Según la opinión de Ana Cecilia Vera, muchas veces las ilusiones se disfrazan con aspectos materiales pero, en esencia, tienen que ver con anhelos internos: “Las personas comienzan ilusionándose con una casa, un auto, más dinero; pero luego se dan cuenta de que, en realidad, lo que quieren es la experiencia que les da lograr todo eso. Quieren sentirse libres, realizados y felices con lo que son, hacen y tienen. Por esa razón, el cambio debe partir del interior”.  

En el caso de los niños, su mente vuela alto y bajito, lejos y cerca. Lo que para uno puede ser un detalle, para ellos puede ser el mayor de los sueños. Parisier cuenta que los chicos piden desde viajes a Disney o a Mundo Marino hasta tener una notebook, un televisor o una Play 3. “También sueñan con poder hacer la fiesta de 15, una fiesta de disfraces, redecorar su cuarto, conocer a Messi, a Natalia Oreiro, o ser bomberos, policías o chefs por un día”, relata.   

La terapia de los anhelos

Soñar es curativo en sí mismo. Explican los especialistas que la mente humana tiene un gran instinto de supervivencia y que para ella son fundamentales dos aspectos: el optimismo y las ilusiones. Aunque uno crea que no cuenta con ellos, siempre están; sobre todo en la niñez. Por eso, como comienzo de una suerte de tratamiento de los sueños, es un buen ejercicio retrasar un poco el reloj y meternos en el alma de ese niño que fuimos. 

“La conferencista estadounidense Byron Katie dijo una vez: ‘Sé un niño, comienza con la mente que todo lo desconoce y lleva esa ignorancia hacia la libertad’”, recuerda Vera. “Sentirnos niños es un terreno fértil para la ilusión porque nos posicionamos como exploradores y creadores deliberados de lo que queremos lograr. Podemos disfrazarnos y hacer cuenta  de que nos convertimos en esto o aquello. En este juego averiguaremos lo que más nos apasiona”, agrega la especialista. 
A medida que vamos creciendo, la realidad va poniendo a estos aspectos en segundo plano, pero es nuestra responsabilidad devolverlos al frente de batalla. Una gran ayuda para lograrlo es quitarle a la palabra “ilusión” su connotación negativa. 

“Es un término que está bastardeado en nuestro hablar; solemos darle el tinte de algo vago, efímero o fantasioso que no podría cumplirse. Cuando decimos ‘estoy ilusionado’, en general, nos dicen ‘no te ilusiones con eso… no hagas castillos en el aire’”, asegura Vera. “Pero si nos invitamos a ilusionarnos, a soñar, a crear imágenes concretas de lo que queremos vivir y luego nos ponemos a trabajar, esas ilusiones pueden convertirse en realidad con nuestro enfoque, intervención y acción”. 

Los resultados en el cuerpo y en el alma saltan a la vista: “En el año 2012, llamamos a 860 familias a cuyos niños les habíamos cumplido un sueño, tomando como referente desde 2003 hasta 2007 inclusive –relata Parisier–. Una vez contactados todos los padres, llegamos a la conclusión de que el 69% de los niños que habían cumplido su sueño se habían recuperado”. Como esos niños, deberíamos conectarnos profundamente con nuestros deseos más simples; con la ilusión que genera un paseo en bicicleta, encontrar el amor, mirar el atardecer, hacer un viaje, buscar un hijo, tejer una bufanda para alguien especial o pintar de un color nuevo las paredes de la casa. Mirá hacia adentro y pensalo bien. A vos, ¿qué te ilusiona?

A no engancharse

La desesperanza no suele ser harina del propio costal. La mayoría de las veces, alguien o algo del entorno mete la cola para hacernos creer que nuestros sueños son, en verdad, utopías. La coach ontológica Ana Cecilia Vera lo explica de esta manera: “Muchas veces nos dejamos llevar por la idea cultural negativa que nos hace creer que el cambio no es posible, que las cosas están difíciles o que hay que ser ‘más realistas’. Esos comentarios desmotivadores pueden llegar desde la sociedad o podemos haberlos mamado en nuestra crianza. Si elegimos engancharnos con esas creencias, el resultado serán la desesperanza, la desconexión de nuestros sueños y la inacción. Porque ¿cómo vamos a trabajar en algo que ya nos hemos convencido de que no se puede lograr?”.

Noticias que ilusionan 

•Carson Urness tiene 3 años. Se perdió mientras jugaba en los alrededores de su casa en Dakota del Norte. Apareció un día después, a dos kilómetros, debajo de su perro Cooper, que se había recostado sobre él para protegerlo del frío.
•Sarah Thislewwhistle, una maestra de Matemáticas de Ohio, tuvo un embarazo muy complicado y dio a luz a Jillian y Jena, gemelas univitelinas. Las niñas nacieron tomadas de la mano. “Es sorprendente. Nunca vi algo así. Nos demostraron que ya son mejores amigas”, dijo el médico, emocionado. 
•Arianna Moore, una beba de 2 años nacida en Minnesota, necesitaba un riñón para salvar su vida. Luego de que su madre contó la historia en Facebook, se presentó una mujer de 37 años para hacerse los análisis de compatibilidad. Vivía a casi 3000 kilómetros y era una completa desconocida. El 7 de mayo, se realizó el transplante.
•László Andraschek vivía en las calles de Hungría, con sus tres hijos y muchísimas deudas. Gastó sus últimas monedas en un billete de lotería y ganó 1.300.000 mil euros. Además de saldar deudas y comprar una casa, planea crear una fundación para personas adictas y mujeres maltratadas. 



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