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Amor bajo techo


Por Mariano Petrucci.


Amor bajo techo 

La convivencia es una decisión crucial para la pareja. En la actualidad, es un paso que no todos se animan a dar. En su último libro, Julio César Labaké comparte reflexiones y consejos para intentarlo… y sobrevivir.

En 1990, las parejas que se divorciaban llevaban entre diez y veinte años compartiendo el mismo techo. Para el 2000, ese tiempo se acortó: entre cinco y diez años. En 2015, ya hay dos divorcios por día de matrimonios que ni siquiera llegan a cumplir los cinco años. Los números se desprenden de los registros civiles de la Capital Federal, pero es un llamado de atención para todos los argentinos. 

Julio César Labaké bien podría haberse inspirado en esta estadística para escribir su último libro, pero no. En Claves para la convivencia en la pareja, este doctor en Psicología Social y miembro de la Academia Nacional de Educación, aborda las problemáticas que acontecen de las paredes del hogar para adentro. 

“La impronta individualista de la ‘sociedad líquida’ de nuestros tiempos modificó ciertas características de la pareja. Pero esto no altera una necesidad profunda del ser humano de encontrar con quien compartir la vida y encontrar finalmente ese lugar donde nos amen incondicionalmente. En la actualidad, interfiere frecuentemente la exigencia de realización personal en la riqueza de la cotidianidad del matrimonio o la pareja”, define quien recibió el premio “Juntos Educar”, otorgado por Jorge Bergoglio durante su etapa como cardenal.

–¿Hay claves para convivir en pareja?
–Cuando hablo de claves no me estoy refiriendo a recetas mágicas, sino a caminos. De mi larga experiencia en el consultorio tengo claro que hay algo que se torna primordial, diría que es casi innegociable: no fundar la vida compartida en la urgencia de resolver “quién tiene la razón”, sino en la aceptación cordial del otro. En una situación de confrontación, de disenso, hay que evitar los “yo” y apuntar a que surja el “nosotros”.

–“La convivencia tiene sus condiciones”, se lee en su libro. ¿Cuáles son?
–Una de ellas es superar la etapa del enamoramiento. Es un período en el que se siente algo muy hermoso, pero que no es lo fundamental.

–¿Cómo que no?
–Claro. El enamoramiento tiene un correlato neurofisiológico con fecha de vencimiento: los especialistas hablan de entre seis meses y dos años aproximadamente. Pero esa efervescencia, que conmociona y emociona, un día declina.

–¿Esto está vinculado a otra frase suya: “Cuando el noviazgo no supera la etapa del enamoramiento, no da garantías de que el amor termine de germinar después de convivir”?
–Exacto. Lo que tiene que permanecer es la elección consciente que se hizo y se hace del otro. Siempre me pareció válida la expresión que Scott Peck, psiquiatra norteamericano, volcó en La nueva psicología del amor: “Amar es también la voluntad de amar”. Eso es lo que permite convertir las crisis en crecimiento.

–¿Entonces?
–Lo relevante es elegir al otro para convivir, y estar decididos a ayudarse mutuamente para lograrlo. Esto es lo que yo llamo la “dimensión espiritual” del amor en pareja. El paso siguiente, imprescindible, es el “estado de diálogo”, de entrega transparente. 

–Diálogos, silencios, sobreentendidos: ¿qué rol  juegan?
–Importantísimos. ¡Qué distinto sería todo si la décima parte del tiempo que empleamos en cavilar y amargarnos lo dedicáramos a reflexionar para encontrar el camino de la felicidad! Los silencios suelen generar enconos, y los sobreentendidos reemplazan la charla que aclara lo que realmente ocurre. Por lo tanto, son enemigos frecuentes. Lo que hay que resolver es quién es el primero que tiende la mano.

Sinergia

De acuerdo con una investigación efectuada por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), más del 70% de los hijos de entre 18 y 35 años, con y sin pareja, todavía residen en la casa paterna (el fenómeno se da más en los varones que en las mujeres). Ahora bien: una vez dado ese paso, ¿qué? Para los expertos, uno de los mayores dilemas a resolver es lo que denominan “síndrome de asimetría”, o sea, la disparidad entre las partes en cuanto a derechos y obligaciones. 

“Antes de una decisión tan trascendental, las parejas establecen contratos, con reglas y pautas. Gracias a nuestra cultura, parte de la sociedad piensa al noviazgo como un pasatiempo más o menos agradable, cuando tiene por finalidad intrínseca el descubrir con quién edificaremos nuestro proyecto. Supone la sinergia de los valores y los modos de comportamiento que aporta cada uno”, esgrime el doctor Labaké.

–La modernidad reconfiguró la convivencia, planteando nuevas variantes: por ejemplo, habitaciones separadas. ¿Cuál es su análisis?
–Ante todo, respeto la determinación de cada individuo, en particular cuando se dan ciertos motivos que son muy atendibles. De cualquier modo, mi postura es que mientras más se viva en común, más rico será nuestro devenir porque eso es lo que facilita, progresivamente, el hecho de revelarnos en toda nuestra dimensión. Y cuando aparecen los hijos, esto tiene una preponderancia todavía mayor. Lo que nos cuesta comprender es que el otro es nuestra propia carne, aunque no dejemos de ser dos.

–Mencionó la llegada de los hijos. ¿Cómo y cuánto repercute este punto en la convivencia?
–La redefine en más de un sentido. Reconfigura los roles en el vínculo amoroso; es entonces cuando debemos volcarnos más decididamente a la entrega mutua. La mujer debe ser madre sin renunciar a su papel de esposa, y el marido debe asimilar la necesidad que siente la mujer de ser y sentirse protegida. 

–¿Y la partida de los hijos?
–Nos vuelve a dejar solos para acompañarnos. En esa instancia, debimos haber adquirido la madurez suficiente para entender qué necesita cada parte. Es hermoso el proceso de aprender a envejecer juntos. Es una etapa maravillosa para afrontar, aunque se crea lo contrario.

Labaké comparte una experiencia que aconteció en su consultorio: “Tras casi diez años de desentendimiento y de una convivencia ‘insoportable’, él decidió indagar sobre ello y descubrió cómo y de qué forma era posible iniciar un diálogo con quien sostenía diferencias, aparentemente, insalvables. Una noche, después de su cena solitaria, le dijo a su mujer: ‘Hoy quisiera escucharte para comprender qué te hace vivir insatisfecha, porque ya sufrimos lo suficiente con nuestras discusiones y nuestros silencios’. Ella, desconfiada por todo lo que había atravesado esos años, primero se negó; pero al día siguiente, tras la insistencia de él, accedió a conversar serenamente. Y llegó el ‘acuerdo razonable’. Pasaron muchos años ya de esta anécdota, y siguen viviendo felices”, concluye Labaké. A tomar nota.

Quién es Julio César Labaké 

Amén de ser licenciado en Psicología y doctor en Psicología Social, es maestro normal nacional, bachiller en Filosofía, psicoterapeuta, conferencista y escritor. Miembro del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y del “Consejo de Notables” del Instituto Superior del Profesorado del Consudec, escribió los libros Regresar de la Torre de Babel, Valores y límites: la brújula perdida, Redescubrir la autoridad y La revolución de la sensatez, entre otros. Suele dar conferencias en países como México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, Senegal, Chile, Brasil y España. Ocupó el cargo de Director Nacional de Educación Superior del Ministerio de Educación de la República Argentina. El premio que recibió de las manos de quien ahora es Papa fue “por sus aportes en el campo educativo y por su ejemplo de vida y dedicación para las nuevas generaciones”.

Enseñanzas de Labaké 

1 “El primer e indispensable fundamento de la pareja es la aceptación y comprensión cordial del otro”. 
2 “El segundo –que solo es posible por el primero– es el acuerdo razonable entre los dos”.
3 “Nos hemos acostumbrado a creer que la razón es la madre de todas las virtudes. 
La realidad nos sigue mostrando que la madre de todas las virtudes es el amor”. 
4 “Cuando comienza a languidecer la comunión sexual, es señal de que está en crisis la comunión espiritual. El sexo permite decir ‘te amo’ con el cuerpo”.
5 “Cuando se vive atrincherado en la exigencia de que el otro cambie para poder amarlo, se genera inexorablemente un doloroso círculo vicioso”.
6 “La mujer tiene el peligro de ensimismarse en su interioridad, y el varón, el peligro de absorberse en su exterioridad”.
7 “La verdadera convivencia no asfixia la libertad de ninguno, sino que la hace posible, porque se confía en el otro y porque cada uno anhela la plenitud del otro. Es lo más opuesto a la simbiosis”.
8 “El amor es la decisión de ayudar a vivir”.

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