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Orgullo neoyorquino


Por Daniela Calabró..


Orgullo neoyorquino
Para coronar una zona en auge del bajo Manhattan, se inauguró el nuevo edificio del Whitney Museum of American Art, una obra del reconocido arquitecto italiano Renzo Piano.

Si algo le faltaba al Meatpacking District para terminar de consagrarse como una de las nuevas zonas top de Manhattan, era un museo de arte. Pero no uno cualquiera, sino uno de esos que prometen entretejerse en la identidad de la ciudad. Así es como a la fisonomía neoyorquina se sumó otro edificio emblemático: se trata de la nueva casa para el Whitney Museum of American Art, antes emplazado en el Upper East Side. Como primera exhibición eligieron una muestra llamada “America is Hard to See”, en donde se repasan los últimos 115 años del arte en los Estados Unidos. 

La creación del edificio, por supuesto, no estuvo en manos inexpertas. Es obra del arquitecto italiano Renzo Piano, referente en la construcción de museos y ganador del premio Pritzker.
Ubicado entre el High Line (ese icónico paseo elevado sobre las viejas vías de un ferrocarril) y el río Hudson, el edificio se levanta en el número 99 de la calle Gansevoort con un semblante simple pero plagado de cristales que dan al interior de las galerías cierta energía de aire libre. Sus similitudes con el Centro Pompidou de París, también construido por Piano, llamaron rápidamente la atención de los críticos, quienes coincidieron en que este tipo de arquitectura no es tan novedosa en la actualidad. Así es como los entendidos vieron un espacio pensado más para lucir las colecciones de arte que su propia apariencia. “Parece haberse construido para el arte y los artistas”, aseguró Jerry Saltz, un crítico de la New York Magazine. Paul Goldberger, de Vanity Fair, opinó en la misma dirección: “Su exterior no es convencionalmente bello. Sin embargo, las galerías ofrecen un gran equilibrio que le permite centrarse en el arte”.

Dentro y fuera 

A las salas de exhibición del museo se les suman grandes espacios al aire libre, distribuidos en una enorme terraza con esculturas y escaleras. Una de los detalles logrados por el arquitecto es que casi no se perciben los límites entre los recintos indoor y outdoor.
La crítica estadounidense, si bien suele ser despiadada, supo valorar los espacios a cielo abierto y coincidió en que son un plus, tanto para exhibir obras como para regalar rincones de descanso a los menos aficionados. 

“Las ventanas majestuosas y amplias terrazas invitan a los visitantes a salir de las zonas de exhibición. El nuevo Whitney es un lugar maravilloso para las personas que se aburren fácilmente del arte”, destacó Justin Davidson, de la New York Magazine, y concluyó: “El edificio es muy sensible a su ubicación y es generoso en su oferta de puntos de vista, luz y comodidad”.


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