ENTREVISTA


“Me alimenta la experiencia”


Por Sol Oliver.


“Me alimenta la experiencia” 
La pantalla chica ya lo tiene como habitué, pero en cineMarco Antonio Caponi estrena su segundo film. Un actor con luz propia.

La entrevista empieza por la sesión de fotos. Marco tiene cara de cansado después de un día agitado. “¿Una sonrisa puede ser?”, le dice la fotógrafa en la primera toma. Todos reímos, porque probablemente en su lugar también desearíamos una siesta. Ese es el clic, el “rompehielo”. Entonces el actor deja entrever su simpatía natural y, a los pocos minutos –ante la tercera o cuarta toma–, ya está posando relajado, dando cátedra sobre cómo sonreír con la mirada y no simplemente para una cámara, y preguntando algunas cuestiones técnicas sobre la lente y la iluminación. Le encanta la fotografía.

“El trabajo más difícil del actor es ser cada vez menos actor”, confiesa poco después. “Me refiero a dedicarse a hacer otras cosas y volver a la raíz de lo que te hizo llegar hasta acá. A salir de ese enfrascamiento de ser ‘el personaje’, ‘el actor’, ‘el mundo’. A sacar la cabeza para afuera y no olvidarte de vivir... A hacer un curso de fotografía, de bonsái, de lo que sea. Porque si te ponés a pensar, uno como actor tiene que construir universos totalmente diferentes a los propios. Lo que me alimenta justamente es la experiencia vivida”.

Marco Antonio Caponi está de festejo. Su actuación en Pasaje de vida, la película de Diego Corsini en la cual el contexto político y social de los años setenta es contado a través de una historia de amor, es admirable. Está basada en una historia real, la de los padres del propio director. Marco Antonio hace una dupla excelente con el protagonista, el Chino Darín; sus personajes hablan de la amistad, de los valores, de las convicciones. Pasaje de vida es la segunda película de Marco, pero la primera que le da la posibilidad de construir un personaje con sutilezas, con la sensibilidad a flor de piel. Le tocó el desafío de encarnar a una persona que existió. “Pacho era un militante. Sus ideales revolucionarios tenían que ser traspasados a su mejor amigo y a su mujer. Trabajamos mucho desde el lado del vínculo y del contexto histórico. Vi fotos y hablé mucho con Néstor (padre de Corsini y amigo del Pacho real)”, cuenta con la mirada luminosa y una vitalidad arrasadora, propia de una persona que ama lo que hace.

Hablando de experiencia...

Hace diez años, a los 21, Marco decidió dedicarse a la actuación y no le faltó determinación para hacerlo. Dejó la carrera de Educación Física que estaba estudiando y a los pocos días ya había sacado el pasaje en micro que lo llevaría de Mendoza, donde había vivido hasta entonces, a Retiro. Tenía dos valijas, novecientos pesos en el bolsillo y ningún destino exacto más que la escuela de teatro de Esteban Mellino para la que había ganado una beca dos semanas antes. “‘¿Pero te vas a vivir a Buenos Aires?’, me preguntaba mi padre. ‘Sí. Me voy a dedicar a ser actor’”.

–¿Hiciste algún taller de teatro?
–No, no sabía lo que quería hacer, porque en realidad siempre me gustó mucho la ciencia, la física, la química, las matemáticas. Así que tuve un año medio sabático mientras pensaba qué hacer, hasta que una de mis hermanas me ofreció trabajar en el gimnasio y de ella me puse a estudiar Educación Física. Ahí encontré un medio, porque venía de un colegio técnico químico, para empezar a explorar a través del cuerpo. En el gimnasio trabajé dos años dando clases, parándome arriba de una tarima, para treinta personas y era lo más parecido a agarrar un micrófono y hacer stand up... Así empezó  todo. 

–¿Cómo ganaste la beca?
–Un día, yendo a una clase de boxeo vi que había un seminario para actuar y me presenté espontáneamente. Nos propusieron mostrar algo de lo que hacíamos porque tenían unas becas para dar, y me mandé a improvisar. Mientras cursaba la materia Expresión corporal me había dado cuenta de que me pasaba algo. Me emocionaba, me movilizaba.

Vorágine ascendente 

Al poco tiempo de estar viviendo en Buenos Aires, Marco empezó a presentarse en castings y a hacer publicidades. En 2007 participó en Son de Fierro, la telenovela de Pol-Ka, y de ahí no paró más. Estuvo en Valientes y en algunos capítulos de Los exitosos Pells. Formó parte del elenco de Alguien que me quiera y Herederos de una venganza. Participó en la segunda temporada de Los Únicos y se destacó en Graduados. En el período 2013-2014, participó en Vecinos en guerra, Doce casas y Sres. Papis. Ahora está grabando La Leona, la nueva ficción protagonizada por Nancy Dupláa y Pablo Echarri que va a emitirse por Telefe a partir del mes de septiembre. 

Paralelamente, nunca dejó de hacer teatro, su primer amor, y cuando lo cuenta habla rápido, casi sin pausa, y le brillan los ojos. “El teatro es un ritual. Es sagrado. Son tantas piezas que se van encadenando para que el hecho artístico suceda...”. Apenas respira, y continúa apasionándose: “En el teatro te podés sumergir a experimentar. Te da la libertad de hacerlo cuando quieras; en ese sentido, en el cine o la televisión es más difícil. En cambio, el teatro tiene esa ‘pobreza’ que hace que cualquiera pueda acceder... es como una especie de baldío. Cuando era chico me juntaba con mis amigos en el baldío a armar casas. Jugábamos y ese era nuestro escenario. El teatro es una enorme caja negra donde todo sucede en la imaginación. Nadie te edita, nadie te pone una coproducción. Todo es magia pura. Todo existe gracias al vínculo entre los actores, los objetos, las luces, el espacio y el público”.

–De todas tus experiencias, ¿cuál sentís que te marcó más? 
–Todas forjaron algo, sin duda. Pero, claramente, cuando hice Filosofía de vida, una obra en la que tuve la suerte y la dicha de compartir el escenario con Claudia Lapacó, Rodolfo Bebán y Alfredo Alcón, me tuve que enfrentar a muchos monstruos internos y hacer un esfuerzo enorme por no tirarme del escenario y salir corriendo. Tenía a los actores más grandes de la Argentina mirándome fijo y me decía a mí mismo: “¡Están viendo todo lo malo que soy!”. Por un lado “sufrí”, pero por otro lado me encontré con artistas que tenían la grandeza y la sencillez de brindarse. Esa experiencia me marcó mucho porque me exigió una gran disciplina y un gran compromiso. Actuaba y no podía dejar de ser al mismo tiempo espectador, con un grado de conciencia que resultaba hasta hipnótico. 

–¿Te has encontrado, en situaciones de la vida cotidiana, con algún gesto propio de alguno de los personajes que te ha tocado interpretar?
–Sí, a veces, pero lo hago a conciencia. En la película, para interpretar a Pacho, pongo la voz más grave. Entonces, cada vez que lo llamo a la mañana a Diego Corsini, pongo esa misma voz, y Diego me dice: “¿Qué hacés, Pacho?”, y nos reímos. Creo que uno siempre aprende algo de los personajes. Porque primero los mirás desde afuera, los analizás, después los habitás y convivís con ellos durante un tiempo. Me gusta ver la realidad con los ojos del personaje.

“El ego es como el colesterol” 

Marco es el menor de cinco hermanos, tres mujeres que le llevan dieciséis, catorce y doce años, y un varón siete años mayor. “Mis padres querían tener seis hijos pero no llegaron al sexto... Mejor; si no, me quitaba protagonismo”, confiesa con una sonrisa. “En realidad, me habría venido bien tener un hermano más chico, alguien que hiciera que no sea todo para mí”. Sin más, se reconoce egocéntrico.

–Pero el ego te ayuda a pararte arriba del escenario y a estar tan expuesto...
–En un punto sí. Si no tenés un poco de amor propio –que en mi caso tengo bastante–, no podés confiar en lo que hacés. Pero también es un arma de doble filo. El ego es como el colesterol. Está el colesterol bueno y el malo. Con el ego pasa lo mismo. Está el que te salva, el que te saca adelante, y también el que te hunde, el que puede convertirse en tu archienemigo. Por eso, el actor no tiene que estar enfrascado en sí mismo.

El tema música no pasa inadvertido en la charla, como tampoco su participación el año pasado en Tu cara me suena, programa en el que imitó a Joaquín Sabina, en vivo, cantando “19 días y 500 noches”. “Con mi profesor de guitarra, que me acompañó, nos metimos en una salsa linda, salimos a perder pero fue una experiencia. Es bueno dejar un poco el ego de lado y animarse a las oportunidades. Sigo estudiando guitarra porque cuando llegue a los 40 quiero ser músico”. 

Mini BIO 

El DNI dice que Marco Antonio Caponi nació en Godoy Cruz, Mendoza, en 1983. Vivió en Maipú hasta que en 2004 decidió mudarse a Buenos Aires para comenzar su carrera de actor. Hizo varios castings y publicidades hasta que empezó a trabajar en tiras televisivas, y no paró más. Su primera participación fue en Son de Fierro, en 2007, y luego vinieron Valientes, Los exitosos Pells y Alguien que me quiera. También formó parte del elenco de Herederos de una venganza, de la segunda temporada de Los Únicos, y de Graduados, Vecinos en guerra, Doce casas y Sres. Papis. 

Filmó dos películas, Patagonia y, ahora, Pasaje de vida. El teatro es su pasión. Su papel en Filosofía de vida, dirigida por Javier Daulte, fue muy ponderado; allí compartió el escenario con Alfredo Alcón, Claudia Lapacó y Rodolfo Bebán. Actualmente se encuentra grabando La Leona, ficción que estará pronto en la pantalla de Telefe, y se encuentra enfocado en dos proyectos teatrales junto a su amigo Luciano Cáceres.

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