INVESTIGACIÓN


Abracadabra


Por Mariano Petrucci..


Abracadabra
En la actualidad, los magos  trabajan codo a codo con los científicos para descubrir cómo funciona el cerebro. Así nace la neuromagia, una inédita y revolucionaria disciplina para entender la mente humana. De qué se trata. Sus logros.

Mientras nos seduce entretejiendo cuentos y anécdotas, el mago lanza una pelota al aire. Nuestros ojos acompañan el movimiento. Arriba, abajo. Lo hace de nuevo: pero, esta vez, desplazando la mano hábilmente, simula el vuelo. Qué más da: aunque no haya nada flotando, imaginaremos el mismo recorrido. Los “ojos” del cerebro –que se divierte haciéndonos trampa tras trampa– son más fuertes que los que flanquean la nariz. En términos neuronales, esto significa que el procesamiento de estas imágenes no se da en el nervio óptico ni en la corteza visual primaria, sino en alguna región cerebral superior. “En la actualidad, se están haciendo descubrimientos clínicos importantes usando la magia. Alrededor del mundo, ilusionistas y académicos están trabajando codo a codo para estudiar la mente humana. A partir de esto, apareció la neuromagia: el conjunto de conocimientos que florecieron desde la intensificación –durante los primeros años del siglo XXI– de la colaboración entre magos profesionales y científicos cognitivos”, define Andrés Rieznik, doctor en Física, mago y autor del libro Neuromagia.

Recientemente, un artículo mostró cómo el juego de la esfera arrojó luz sobre los motivos de ciertos comportamientos de chicos autistas. “Lo escribió Gustav Kuhn y parte de la hipótesis de que los autistas serían menos engañados. ¿Por qué? Porque, en principio, ellos no siguen –o al menos eso se desprende la bibliografía especializada– lo que en ciencias cognitivas se denominan ‘pistas sociales’. Pero sucedió absolutamente lo contrario: los autistas relataron haber visto subir la esfera. Lo que ocurrió fue que sí se basaron en las ‘pistas sociales’, solo que fueron más lentos para enfocar su atención”, aporta Rieznik. Y ratifica: “Lo primero que hacen casi todas las personas es mirar los ojos del mago. Los autistas también, pero tardan un poco más. Esa demora en la asignación de la atención hace que tengan mayores dificultades para seguir el movimiento rápido de la esfera. Al no poder hacerlo, deben apoyarse todavía más en las ‘pistas sociales’ y contextuales para crear la imagen visual. Esto comprueba que todos hacemos eso, incluso los pacientes autistas”. 

En el cricket pasa algo similar. La pelota con la que se disputa este deporte es relativamente pequeña y viaja velozmente. Los jugadores afirman ver la trayectoria de la bola, pero no: sostienen la construcción de su imagen visual en sus expectativas previas. Usted prefiere que continuemos con la neuromagia. Ok. “Este boom quedó claramente plasmado en 2008, con la publicación de dos artículos sobre neuromagia en revistas científicas prestigiosísimas, como Nature Neuroscience y Cell. Sus títulos: ‘Atención y conciencia en la magia de escenario: transformando trucos en investigaciones’ y ‘Hacia una ciencia de la magia’. Desde entonces, este tipo de exploraciones facilitaron el estudio de áreas tan diversas como la percepción, el movimiento ocular, los límites del sistema visual, el autoengaño, la atención, el surgimiento de la conciencia, y el análisis cerebral de relaciones causales. Aunque estamos progresando, aún falta mucho por develar. Mi sensación es la de que estamos al borde de un banquete gigante de sabiduría inédita”, enseña Rieznik.

Diego Golombek, doctor en Biología y director de la colección Ciencia que ladra, opina: “Los trucos nos revelan aspectos de la mecánica cerebral que suelen pasar inadvertidos para nuestros instrumentos más tecnológicos y avanzados. Se hicieron experimentos en los que se analiza la actividad cerebral frente a trucos que violan las leyes de la física, y se concluyó que, al participar en ellos, se activan áreas de la corteza que parecen indicar que algo no anda bien, que hay un conflicto entre lo esperado y lo percibido. Eso, justamente, es la magia”.
Richard Dawkins, divulgador científico británico, dice: “La ciencia es la poesía de la realidad”. “Además, es un hechizo encantador”, agrega Rieznik. Y sentencia: “Los magos son hackers de la mente. Sus ilusiones nos ayudan a entender cómo funciona, por ejemplo, la memoria y la toma de decisiones –con los argumentos morales con las que las respaldamos–”.A propósito, la rama de la magia bautizada “mentalismo”, al servicio del entretenimiento y el asombro, aplica técnicas que “hackean” los circuitos cerebrales que nos hacen sentir libres con nuestras resoluciones. Rieznik, junto a un grupo de científicos e ilusionistas, demostró que midiendo las variaciones en el diámetro de la pupila, no solo se puede saber qué determinará cada individuo, sino también si fue autónomo o manipulado al momento de concretarlo. 

“¿Cómo se puede conocer qué decisión asumiremos hasta diez segundos antes de llevarla a cabo?”, se pregunta Rieznik. Y se responde: “Amén del monitoreo de actividades cerebrales, la magia contribuye a ello, gracias a dos fenómenos explotados hace milenios por los ilusionistas: el de ‘forzaje psicológico’ –cuando un mago influye de forma imperceptible en la decisión de una persona sugestionada–, y el de ‘ceguera al cambio’ –que permite observar la autoconfabulación–. ¿A qué me refiero con autoconfabulación? Al hecho de que, muchas veces, cuando nos justificamos, no estamos más que inventando una historia que nosotros mismos nos creemos, pero que, tal vez, guarde escasa correlación con los móviles verdaderos y medibles de la elección”.

–Andrés, ¿nuestras acciones son producto de nuestra voluntad consciente?
–No siempre. ¿Quién no escuchó acaso sobre el famoso “juego de la copa”? Michael Faraday, célebre físico experimental, expuso que eran las propias personas que tocaban la copa quienes la movían inconscientemente. O sea, cuantos más participantes se involucren, menor será la fuerza que deberá hacer cada uno y más fácilmente se autoengañarán. Por otra parte, los experimentos del alemán Max Weber, un tanto más complejos, constataron que podemos sentir que fue nuestra voluntad la que generó un movimiento corporal, cuando, en rigor, otro nos está moviendo, nos está “empujando”.  

Amor mágico

“El ilusionismo, como arte que se encarga de recordarnos el misterio en el que estamos inmersos –y de desafiarnos a reflexionar sobre el alcance de lo posible y sobre los límites de nuestro conocimiento–, fue clave para comprender el cosmos y nuestra relación con aquello que nos rodea. Harry Houdini, quien se ganó el mote de ‘padre de la magia moderna’, con sus rigurosas investigaciones sobre la chance de comunicarse con los muertos –con su constantes inquisiciones sobre los médiums de su época–, fue el principal responsable, más que ningún filosofo o científico, secular o ateo, de que hoy sepamos que ese vínculo no es factible. Mejor dicho, se puede hablar con los muertos; lo difícil es que contesten”, asevera Rieznik, con un dejo de humor.

Los “profesionales del engaño”, como se solía menospreciar a los ilusionistas, cooperaron para desasnarnos sobre los temas fundamentales de la humanidad. Por caso, el amor. “Aquella frase de que el otro es nuestra media naranja, única, es sin duda una ilusión. Existen circuitos cerebrales que evolucionaron respecto al amor, para que criemos como equipo a nuestras crías. En mi libro especulo con que la tendencia al pensamiento mágico haya sido un subproducto, o un daño colateral, de esos circuitos que se desarrollaron, por razones darwinistas, para el amor romántico”, esgrime Rieznik. Y cierra: “El amor romántico tiene como característica constitutiva el pensamiento mágico: la convicción de estar viviendo una enorme improbabilidad. Mucho más improbable es que una boca o una sonrisa sean exactamente como uno quiere entre los millones que hay en el planeta, a que alguien pueda adivinar una entre cincuenta y dos cartas. Sin embargo, a esto último llamamos ‘magia’; y a lo primero, amor. El mago no es una figura moderna o que emerge de una sociedad en particular; es un arquetipo humano universal”.

“Matemagia”

Desde 2012, Andrés Rieznik es el protagonista del espectáculo Matemagia, una rara combinación de matemática y arte escénico. ¿De qué se trata? Él mismo contesta: “Allí mezclo mis dos grandes pasiones: la magia y las ciencias exactas. Trato de demostrar que la magia y la ciencia producen la misma sensación de asombro y desconcierto. A través de juegos matemáticos, del ilusionismo y de cálculos mentales, intento mostrar, de forma dinámica, que la única actitud apropiada frente al mundo, cuando nos tomamos un momento para reflexionar, es la de la gratitud y la sorpresa. Entender, poner los pies en remojo en la orilla de un enorme océano de ignorancia por descubrir, bucear las profundidades de la duda humana es mucho más interesante, divertido y ético que aceptar las explicaciones a las que apelan los libros sagrados. Más aún cuando hablamos con niños y niñas. Soy feliz cuando pienso que logré transmitir algo de esa idea a los miles y miles de chicos y chicas de todo el país que ya presenciaron el show”.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte