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Aprender a ser padres


Por Carlos Maslatón..


Aprender a ser padres
Desde que los hombres empezaron a involucrarse más en la crianza de los hijos, les surgió la necesidad de buscar asesoramiento para mejorar el vínculo. Así surgen las escuelas para padres. Un fenómeno en alza.

Nadie te enseña a ser padre”, solían contestar, a la defensiva, los progenitores cuando un hijo adolescente les recriminaba que no lo entendían lo suficiente y se volvían, a sus ojos, unos seres antediluvianos cerrados a las nuevas tendencias y comportamientos de la juventud. Una frase que hoy, esgrimida como una coartada ante la imposibilidad de zurcir el abismo generacional y su cadena de mutuas incomprensiones, ha caído en un considerable descrédito. En la actualidad, muchos padres se forman para neutralizar futuras recriminaciones del estilo “no estuviste ahí”, o “no me diste el amor que necesitaba”. Así sucede en España, donde existen grupos para quienes quieren mejorar su performance en el rubro paternidad. Allí tiene lugar la iniciativa Si los hombres hablasen, un espacio de encuentro para padres (por el momento, no se admiten mujeres), con una sede en Barcelona y otra en Madrid. Su razón de ser, según sus creadores, Javier de Domingo y Pau Almuni, consiste en “cambiar un paradigma primitivo y caduco de la masculinidad y la paternidad hacia otro más responsable, presente y consciente”. Grupos de hombres reunidos para tener un rol más activo en la crianza y para que las obligaciones derivadas de ella no recaigan solo en madres al borde de la extenuación. Varones sensibles que no tienen vergüenza de hablar con sus hijos de sexualidad.

En la Argentina existen las escuelas para padres (madres incluidas), y uno de sus objetivos es ofrecer claves para tornar más llevadero el desafío de toda persona: acompañar y apuntalar a sus hijos para que crezcan con la capacidad de ser autónomos y vivir con plenitud. Una de ellas es la que forma parte del proyecto Creciendo en Familia, una escuela que brinda talleres quincenales y mensuales, buscando “hacer del ‘ser padres’ el despliegue de un rol que se aprende”, según explica la psicopedagoga y docente Laura Alvarado, Coordinadora General de este proyecto que, de-sarrollado por la Universidad Abierta Interamericana, se gestiona a través de la Cámara Argentina de Educación Privada (ADEEPR). En estos talleres, que se dictan en las aulas de las instituciones educativas privadas –asociadas al sistema VanEduc– de todo el país que contratan la propuesta, un equipo interdisciplinario conformado por psicólogos, psicopedagogos, filósofos y licenciados en Ciencias de la Educación brinda charlas en las que se abordan diversos temas, como el desarrollo de la autoridad en el rol paterno, los límites, la alimentación saludable, la sexualidad, y el desarrollo y fortalecimiento de la autoestima (paterna y filial), entre otros. 

Probablemente no exista el momento exacto para formarse como padre, ni sea un proceso que concluya hasta que los hijos adquieren autonomía, pero Alvarado tiene su visión: “Para nosotros, desde la educación y pensando en la prevención, los padres deberían concurrir a estas escuelas antes de gestar al hijo. Desde ya, no hay edad tope, ya que uno es padre toda la vida y el acompañamiento no cesa pese al paso del tiempo”. Esta iniciativa, que no es terapéutica sino pedagógica, apunta a que se asuma la paternidad con el rigor que se le exige al ejercicio de una profesión, y a brindarle al alumno herramientas que le permitan estar preparado para enfrentar, desde el diálogo, los temas inherentes al crecimiento de los hijos en sus distintas etapas. En cada encuentro, los docentes despliegan estrategias que abren un debate crítico y una posterior reflexión colectiva en la que los padres aprenden unos de otros por medio del intercambio de vivencias y ejemplos personales. “Lanzamos una consigna, por ejemplo, sexualidad, y aunque los padres esperan recetas instantáneas, aclaramos que solo damos contenidos, que deben incorporarlos para enriquecerse, y adaptarlos luego a la edad madurativa de cada chico”. Las charlas se inician a partir de un disparador que puede ser un video, una publicidad, una noticia actual; se apunta a que los contenidos teóricos se tornen coloquiales y de fácil discernimiento. Los grupos no superan los treinta padres por curso y la cursada se desarrolla a lo largo de todo el ciclo lectivo.

¿Hay alguna inquietud de los padres que se perfile como un punto conflictivo recurrente en la crianza de niños y adolescentes? “La incapacidad para fijar límites claros o fijarlos sin sentir culpa es una marca epocal, pero, contrariamente a lo que se piensa, no es exclusiva de los padres jóvenes. Tenemos padres no tan jóvenes que no saben, o no quieren, ponerles límites a sus hijos”, señala Alvarado. Si bien hoy los roles padre-madre están menos compartimentados que en el pasado, la licenciada advierte un nítido signo de estos tiempos: “En las madres que trabajan mucho tiempo fuera de casa, el tema de la culpa por la ausencia es muy recurrente, y caen en el error de sustituir el afecto o la presencia por objetos de deseo (tablet, celular), o dejar que el hijo haga todo lo que desee, sin fijar normas de conducta razonables”. La escuela, entonces, busca generar conciencia de estas compensaciones erróneas, y reemplazarlas por calidad afectiva y pautas de convivencia claras.

Vuelta a clase

“Nuestros abuelos criaron a nuestros padres basándose en el sentido común. Hoy los padres necesitan formarse, porque la sociedad cambió: hay más opciones de elección y mayor consumismo –sostiene Cristina Alais, que coordina los talleres que configuran la Escuela para Padres de la Universidad Austral–. Antes decían: ‘Primero la sopa, después el postre’. Hoy un chico de 2 años se empecina en algo, y los padres le obedecen. Primero juega con la tablet y después come”. Para Alais, las mutaciones que ha experimentado la sociedad –ambos padres insertos en el mercado laboral– tiene que ver: en las décadas pasadas, sostiene, el padre salía a trabajar y la madre permanecía en la casa, mientras que hoy, mayoritariamente, trabajan ambos, hasta muy tarde. “En estos tiempos, los chicos con doble escolaridad, cargados por múltiples actividades extracurriculares, sobresaturados de información audiovisual, están sobreestimulados y todo esto ha potenciado las demandas hacia los padres. Un chico de 2 años no puede elegir qué comer, sino que debe comer lo que se le da. Niños que a los 10 años hacen lo que quieren, que nunca escucharon un no, cuando son adolescentes no saben decir no al alcohol o las drogas, porque no se les enseñó a decidir criteriosamente; por eso primero enseñamos conceptos, y luego damos ejemplos para que los padres entiendan que hay decisiones en la crianza que deben asumir con firmeza, y si el niño se encapricha, soportar el enojo hasta que se le pase”, postula Alais.

La escuela, creada en 2003, presenta dos formatos: presencial y virtual. Los talleres presenciales se dictan en colegios, instituciones dependientes de ministerios y ONG de todo el país, y se les da sistematicidad para que los avances que se logren no se evaporen por la inconstancia. Hay colegios que piden la asesoría de la escuela una vez por mes, o durante dos meses con clases cada quince días. “Quienes hacemos docencia aquí somos, técnicamente, orientadores familiares: ayudamos a que los padres adquieran habilidades para que, dentro del núcleo familiar, sean ellos quienes puedan resolver las situaciones, fijar límites claros sin sentirse culpables o autoritarios”, sostiene Alais. Por las dudas, disipa ilusiones vanas: “No es magia sino un proceso que demanda trabajo, ejercitar lo que se recibe como enseñanza y, sobre todo, no abandonar si el resultado no es inmediato”. A veces, confirman los expertos, la mejora en el vínculo con los hijos no se ve en la escuela primaria, sino recién en la adolescencia. “La técnica de los encuentros es participativa e inte-ractiva, pero no es terapia de grupo –especifica Alais–. Dialogamos, explicamos un tema, damos pautas y llegamos a conclusiones entre todos”.

El formato a distancia se instrumentó a partir de 2013, y consiste en una plataforma sencilla y dinámica (el aula virtual) a la que se accede desde PC o laptops, estructurada en unidades con contenidos para padres con hijos de 0 a 12 años. La cursada es de tres meses, y entre las temáticas abordadas se destacan la afectividad, el apego seguro y la autoestima, la conciliación trabajo-familia, la comunicación y la autoridad, o el tiempo libre y los medios de comunicación. Tienen acceso a bibliografía específica, videos y actividades. “Evaluamos, sin poner nota, las actividades que hacen los alumnos y desde ahí ejercemos la orientación. Y tienen, además, foros, con tareas y preguntas para interactuar entre ellos”, dice la coordinadora. En los presenciales, se estima que lo óptimo es una cursada de diez encuentros, de dos horas y media cada uno. 

Más afecto

Un punto clave en la formación es que los padres se concienticen sobre el valor fundante de la afectividad : “Hacemos mucho hincapié en eso: a los chicos hay que abrazarlos, besarlos, escuchar lo que les pasa, ser demostrativos, porque incluso cuando siendo adolescentes ya no quieren que lo hagamos, en verdad ansían nuestra atención”, asegura Alais. En cuanto a la constatación de la eficacia del aprendizaje que adquieren los padres, los referentes de ambos proyectos señalan que los testimonios de los exalumnos, la continuidad de la concurrencia a clases y las devoluciones de directivos de las instituciones educativas indican que los contenidos mejoran la calidad de los vínculos.

Lorena Villalba (39) es empleada administrativa, tiene dos hijos, de 9 y 5 años, y cursó en la Escuela para Padres de la Universidad Austral. “Cuando empecé a trabajar full time, mi hijo más chico tenía 3 años y medio y todo era un caos”, cuenta. “Mi hijo me pasaba factura todos los días porque no estaba en casa. Por eso, me interesó el curso, que al ser virtual me permitía encararlo en mis ratos libres”. Lorena compartió los textos y actividades con su marido, Alejandro Martínez (41), procurando poner en práctica los consejos que les parecían más eficaces. De hecho, Alejandro rescata un tip que lo ayudó a criar sin perder los estribos: “Uno de los textos decía que para modificar el comportamiento cuando el niño te pide siempre lo mismo y llora y patalea, hay que repetirle, calmado y con voz suave, lo mismo que dice él. Si tenés paciencia, el triunfo está asegurado”, explica, irónico, este padre contenedor. 

Como en el cole

¿Cómo es la dinámica de una clase en la escuela? Cristina Alais lo explica: “Ponemos de ejemplo casos reales con los que los padres puedan sentirse identificados. Si estuvimos hablando sobre la importancia de no gritarles a los chicos, y de hablarles mirándolos a los ojos y anticipándoles las consecuencias que tendrá aquello que hagan mal –para que internalicen que deben ser responsables de sus actos–, una vez que asimilaron estos conceptos, vemos videos y se trabaja en clase”.




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