Buscar
 
Cocina Investigacion Moda Personajes Turismo Contactenos
 
 
 
 
Por una educación mejor

“Escuela, comunidad y familia
Un compromiso de todos”

 

Juntos nos va mejor* "Todos tenemos los mismos derechos, pero no las mismas oportunidades para desarrollarnos a nivel individual, familiar y comunitario. En el ámbito rural, los índices de pobreza suelen duplicar o triplicar los de la ciudad. La falta de acceso a la salud, a la educación, a la información, a las tecnologías apropiadas y a la infraestructura es notable a lo largo de miles de kilómetros en la Argentina. Pero la palabra 'pobreza' -además de significar 'carencias'- también significa 'falta de articulación y organización'. Toda comunidad que logra consenso para organizarse comienza un nuevo camino en el que la pobreza va quedando atrás. Por eso, la educación para el desarrollo comunitario debe ser una cuestión de Estado y una altísima prioridad para que toda la sociedad se involucre. Como nos decían hace poco en una comunidad wichi: 'Aquí hay gente que viene, deja las bolsas y se va'. Nosotros valoramos mucho que nos acompanen. Debemos comprender que la educación y el desarrollo no se impulsan con planes asistencialistas públicos o privados, sino con procesos que demandan un acompanamiento continuo y una visión de mediano y largo plazo. Algo que en la Red Comunidades Rurales siempre nos llena de energía es ver la asombrosa capacidad de recuperación que existe en una comunidad cuando se comparten los recursos y los conocimientos. En otros países, esa oportunidad ni siquiera está latente o los cambios son mucho más lentos. Podemos abandonar las quejas y abrazar la acción. Y construir sobre lo bueno que otros ya han hecho. Cada vez que lo hacemos, nos va a todos mucho mejor". *Patricio Sutton Red Comunidades Rurales

Dónde surgen las EFA
Las EFA surgen en Francia, en el siglo pasado, hacia mediados de la década del treinta. Gracias a su gran impacto no solo en la formación de sus alumnos, sino en el desarrollo local y territorial, trascendieron rápidamente la geografía francesa para instalarse en más de cuarenta países. Su crecimiento se produjo en Europa y en diversos países de Sudamérica, América Central, África y Asia. La experiencia llegó a la Argentina hacia fines de la década del sesenta, y a la fecha se halla extendida en nueve provincias, con alrededor de setenta instituciones y dos institutos superiores de formación docente.

La clave para dejar atrás la pobreza rural es articulando los esfuerzos de todos. Las Escuelas de la Familia Agrícola (EFA) trabajan para el desarrollo comunitario con un innovador sistema en el cual las familias cumplen un rol fundamental.

Si aunamos nuestras manos y nuestros corazones, otra realidad es posible”. Este es el nombre de uno de los tantos proyectos de desarrollo comunitario que Celso Limberger (41) lidera en la provincia de Misiones. Este hombre con acento misionero es un convencido de que la educación y la comunidad deben ir de la mano, como dos caras de una misma moneda. “La educación es la única herramienta capaz de transformar la vida de los ciudadanos y de las comunidades; es la educación la que, sin lugar a dudas, permite, favorece y posibilita que los pueblos y las comunidades puedan hacerse cargo de su realidad y transformarla”. Y no lo aprendió de los libros; lo vivió él mismo y lo predica con su ejemplo.
Celso Limberger es hijo de pequeños productores rurales que vinieron desde Brasil. Nació y vivió en la colonia San Alberto Puerto, Misiones, donde cursó la primaria en una escuela rural. Empezó a estudiar el secundario en una escuela urbana, que abandonó en segundo año. Con 15 años, entró a trabajar en una fábrica de procesamiento de fécula de mandioca, primero, y en un aserradero, después. “En ese momento, surgieron las EFA (Escuela de la Familia Agrícola) en la provincia de Misiones. Entonces, le pedí al dueño de la empresa para la cual trabajaba que me permitiera trabajar y estudiar al mismo tiempo. El accedió, y así arranqué de nuevo mi formación secundaria; después pude egresar y formar parte de la primera promoción de la EFA en Misiones. Estudiaba a la noche y los fines de semana hacía las actividades prácticas”, relata. Y continúa: “La modalidad académica inédita de este tipo de escuelas me cautivó e hizo que volviera a las aulas y a los libros; nunca más pude prescindir de ellos”.
Desde entonces, jamás desaprobó un examen; egresó en el tiempo previsto y se recibió de Profesor en Ciencias Agrarias, en la provincia de Santa Fe. Sabía que la educación era su camino y la única vía para poder superarse. Para solventar sus estudios superiores, trabajaba en las vacaciones y, además, amigos y vecinos de su comunidad lo ayudaban económicamente. Con el título en la mano, volvió a sus pagos dispuesto a devolver algo de lo que había recibido. “Tras mi graduación, felizmente volví a mi comunidad, y desde entonces no he cesado de trabajar, de formarme profesionalmente, y de promover proyectos comunitarios orientados al desarrollo local y territorial. En San Alberto Puerto, sentí la necesidad personal de contribuir al desarrollo de la comunidad en la que nací, la que tanto me dio. Entonces armé, con un grupo de jóvenes, una comisión vecinal, y desde ahí impulsamos una serie de proyectos de un alto impacto para los vecinos. Cuando arrancamos a trabajar, hace diecisiete años, era una comunidad absolutamente marginal y de extrema pobreza. En estos años, construimos un salón comunitario, una iglesia católica, una sala de primeros auxilios totalmente equipada, una biblioteca comunitaria; instalamos redes de agua potable y alumbrado público rural; mejoramos los caminos de tierra; fortalecimos la producción agropecuaria mediante cultivos anuales; hicimos crianza de aves, cerdos, bovinos. Y acabamos de inaugurar un centro de capacitación y formación laboral en oficios, desde el cual pretendemos dar talleres de albañilería, electricidad, plomería, corte y confección, gastronomía, clases de apoyo a los chicos de la comunidad e informática. Este proyecto, junto con otros dos que desarrollamos desde el profesorado, han marcado un hito en mi vida y me confirman que no hay barrera alguna que impida transformar una realidad si existe la fuerza colectiva de sus ciudadanos dispuestos a transformarla. Mi experiencia y mi formación me hacen creer que si los argentinos aunamos nuestros manos y nuestros corazones otra realidad es posible”.
Hoy Limberger es vicerrector y docente del Profesorado en Ciencias Agrarias y Protección Ambiental de Capioví, institución que forma a los docentes de las EFA. Además, volvió a su escuela secundaria como profesor, a las mismas aulas donde descubrió su vocación. Nunca dejó de formarse y fue becado en dos oportunidades para realizar pasantías de intercambio en Alemania, Francia y España. Está casado y tiene dos hijos.

–¿Por qué es tan importante el compromiso de la comunidad para con la escuela y con el desarrollo comunitario?
–Es crucial. No solo importante, sino indispensable. No concibo una escuela escindida de la comunidad y de su desarrollo. La escuela, en especial en contextos rurales, debe recuperar su protagonismo y su rol proactivo. Esto implica necesariamente una sólida formación académica de los docentes. No alcanza con formar a los docentes solo desde la mirada academicista enciclopedista; las escuelas rurales demandan y requieren docentes comprometidos con la idiosincrasia cultural, las costumbres, la realidad familiar y comunitaria que circunda la escuela. Esta no puede verse como una isla en el territorio. Sin lugar a dudas, es imperioso recuperar su rol institucional como ámbito emblemático de producción y retransmisión de saberes y procesos de desarrollo personal y comunitario.
–Las EFA trabajan según ese lema. ¿Cómo es el método de aprendizaje?
–Las EFA se constituyen como centros educativos de formación rural por alternancia. Tienen un claro mandato fundacional de promover a los jóvenes de contextos rurales e impulsar el desarrollo local y territorial. Son instituciones públicas de gestión privada. Trabajan desde la “alternancia educativa”, es decir que el alumno alterna períodos de su vida entre la escuela y su vida familiar, empresarial y comunitaria. Los chicos están dos semanas en un ámbito y las siguientes dos semanas en el otro, y así sucesivamente. Existe una gran interacción entre la familia, el alumno y la escuela. El proceso de enseñanza y aprendizaje es dinámico, interactivo y promocional. No pone el foco solo en el alumno, sino en su familia, su comunidad, su realidad sociocomunitaria desde el punto de vista cultural, social, sanitario, productivo-agropecuario.
–¿Qué significa que se pone el foco no solo en el alumno, sino en la comunidad?
–Además de una escuela, la EFA se considera un centro de desarrollo del medio y su comunidad. Se promueve el trabajo con la comunidad desde la escuela. La EFA trata de influir en el desarrollo territorial, a través de los alumnos y sus familias. Se realizan múltiples actividades productivas comunitarias. Por ejemplo, en tercero y cuarto año, los chicos tienen que desarrollar un proyecto de investigación vinculada a la actividad agropecuaria y lo tienen que poner en marcha. Así ellos se van formando y también van incidiendo en la comunidad y en su propia familia. Los chicos desarrollan emprendimientos en sus casas, que inciden en el bienestar propio, en el de su familia y en su comunidad. Además, se los forma con un fuerte perfil de liderazgo que luego se traduce en el seno de sus comunidades. Tenemos muchos chicos que después realizan trabajos sociocomunitarios, participan en las comisiones barriales y en las cooperativas. Comienzan a ejercer un rol preponderante en sus comunidades.
–¿Cuál es el rol de las familias en este tipo de escuelas?
–Las familias constituyen un pilar fundamental en este tipo de centros educativos. Su participación se da en diversas esferas y ámbitos. Además, las EFA surgen por una necesidad y demanda por parte de las familias, en el seno de una comunidad, por lo general rural. Son las familias las que gestionan la creación de la escuela. Integran la comisión promotora, donde participan familias de la comunidad, allegados, comerciantes, empresarios, la Iglesia, distintos miembros de la comunidad. También hay una comisión directiva (consejo de administración) que conduce la escuela, y sus integrantes siempre son padres o tutores de los alumnos. Cualquier padre puede ser elegido para dirigirla. La comisión directiva se ocupa de representar a la escuela ante todos los organismos con los que trabaja, elige qué docentes van a trabajar en la EFA y está a cargo de gestionar los recursos para sostener la escuela. Ellos se encargan de las reformas edilicias, del equipamiento necesario, y demás. El consejo de administración se va renovando y dando espacio a nuevos integrantes, siempre padres. Todos los padres tienen derecho a ser elegidos. Además, hay actividades donde, sí o sí, los padres tienen que acompañar a los hijos. De pronto, nos encontramos con que el papá o la mamá no saben escribir, pero se rescata su experiencia y su sabiduría, a través de dispositivos pedagógicos, para aprovechar sus vivencias y experiencias. Su compromiso y su participación son clave en el funcionamiento de este tipo de escuelas.
–¿Qué hacen los chicos las dos semanas que están en su casa?
–En primer lugar, los chicos llegan a su casa con una serie de actividades de cada una de las asignaturas. Este trabajo es monitoreado por los docentes que hacen visitas a la familia, en el tiempo en que los chicos están en sus casas. Hay mucho acercamiento entre los docentes y la familia. A lo largo del año, cada familia es acompañada por los distintos docentes. Es una visita a la familia donde se establece un diálogo muy estrecho. El objetivo no es solo controlar si se hacen o no las tareas, sino analizar la situación del alumno, cómo evoluciona, qué dificultades va teniendo, cuál es la realidad social y económica de la familia. En función de eso se trabaja. Los alumnos, por lo general, son hijos de pequeños y medianos productores, y los docentes asesoran a la familia en su actividad productiva. Este asesoramiento técnico productivo, de alguna manera, incide en la economía familiar. Esta es otra forma en que la escuela incide a nivel comunitario.
–Desde el profesorado también impulsan acciones de desarrollo comunitarios. ¿Por qué lo consideran importante?
–La institución surge por una necesidad de formar docentes para las EFA en particular, y para el amplio espectro de la educación rural. La idea no es solo formar docentes pedagógicamente, sino inculcarles una vocación de desarrollo comunitario. Si nuestra intención es promover el desarrollo comunitario de los lugares donde nuestros docentes van a trabajar, debemos empezar desde el profesorado. La idea es que los docentes, una vez recibidos, se conviertan en agentes de cambio de la realidad donde se desempeñen, y la mejor manera es que empiecen a hacerlo a lo largo de los años de formación. Los alumnos tienen la obligación de participar, durante los cuatro años, en cuarenta y ocho medias jornadas en los proyectos didáctico-productivos que tienen incidencia directa en procesos comunitarios. Un ejemplo, reconocido el año pasado con el 2do. Premio Presidencial Escuelas Solidarias, es el trabajo que venimos haciendo junto a las familias de la aldea aborigen Etnia Mbya Guaraní, Tekoa Miní. Gracias a un sostenido trabajo entre el sector público, el privado, actores de la sociedad civil, entidades gubernamentales y las familias de la aldea, en apenas tres años, generamos un alto impacto a nivel social y comunitario. Entre otros proyectos, se construyó un pozo de agua que abastece a toda la comunidad, una escuela intercultural bilingüe; preparamos el suelo y sembramos cultivos; criamos animales domésticos; gestionamos la construcción de viviendas y el tendido de energía eléctrica y la red de agua para cada familia, y construimos una pequeña posta sanitaria.